Edimburgo con niños. Segunda parte

IMG_5122

Edimburgo es una ciudad donde no existe el verano, eso me dijo mi amigo Charlie antes de ir, y yo no me lo terminaba de creer, pero es cierto. Si viajas a Edimburgo en verano es mejor que dejes las sandalias aparcadas en casa porque no te van a hacer falta.

Nosotros solamente llevamos deportivas, ya que, teníamos pensado caminar mucho y así lo hicimos, así que fue un acierto. Por un momento pensé en llevarme botas de agua, pero la verdad es que iban a ocupar demasiado en la maleta y al final, si caminas mucho no son prácticas porque el pie suda y se te acaba “cociendo”, así que descarté la idea.

Una cosa imprescindible si viajas con niños entre 0 y 3 años es el plástico de lluvia para el carro, ya que en Edimburgo llueve todos los días, nosotros estuvimos una semana y sólo NO nos llovió un día, pero que a gusto se está allí, se agradece huir del calor del verano español para encontrarse con este clima tan fresco y agradable, nosotros íbamos buscando un poco eso.

La ciudad no es demasiado grande por lo que en una semana da tiempo de sobra a verla bien e incluso a hacer alguna excursión fuera para ver los estupendos paisajes que nos ofrece Escocia.

IMG_5366

Nosotros decidimos coger un free tour el primer día, para que nos enseñaran los puntos más importantes de la city, y después ver nosotros por libre las cosas que más nos interesaban. Los free tour son geniales, vas con un guía que habla en tu idioma que te va enseñado la ciudad y contándote anécdotas históricas, dura alrededor de 2 horas y al final tu pagas la voluntad, según consideres si el tour y el guía han sido buenos o no. A nosotros nos encantó, incluso Lucas estuvo super atento la primera media hora, después se durmió. La verdad es que nos organizamos para coger el tour a una hora en la que Lucas suele hacer siesta, y tuvimos la suerte de que lo respetó, así que hicimos el tour entero muy tranquilos y relajados.

Edimburgh o “Edimbra” (como la llaman los escoceses), es una ciudad con mucho encanto, es de estilo medieval y cada rincón por el que paseas tiene algo bonito o especial.

Agosto, para mi gusto, no es un buen mes para viajar a Edimburgo, durante todo el mes se celebra “el Fringe”, que es un festival alternativo de artes escénicas que incluye todas las formas y géneros de espectáculo callejero, lo cual es divertido, pero hace que las calles de la ciudad se encuentren muy colapsadas.

Lo primero que hay que situar es la Royal Mile, una de las calles principales de Edimburgo que va desde el castillo hasta el palacio de Holyrood (residencia de verano de la Reina de Inglaterra), es la calle más comercial y el punto de partida para comenzar tu visita turística. A lo largo de esta calle se encuentran grandes muestras de la cultura escocesa, numerosas tienditas de souvenirs, en las que por cierto no os recomiendo comprar nada ya que es mucho más caro, y todo el ambiente más turístico de la ciudad.

Es visita obligada la del Castillo, pero es una realidad que si vas con niños pequeños, tiene sus impedimentos. Nosotros nos olvidamos la mochila para portear en casa, por lo que sólo teníamos la opción de llevar el carro, lo que nos limitó mucho y hubo estancias que no pudimos visitar, porque como buen castillo, consta de numerosas escaleras y torres por todos lados. Así que si tenéis idea de visitarlo os recomiendo mucho que porteéis a vuestros pequeños en esta excursión para que ambos podáis disfrutar de todos los rincones que ofrece. Además es conveniente acudir temprano, no sólo por las colas, si no porque así podréis ser testigos del famoso “cañonazo de la una”, todos los días a las 13 horas se dispara un cañonazo desde el Castillo de Edimburgo, atracción que gusta tanto a pequeños como a mayores.

Dentro del Castillo hay una cafetería donde, si os pilla la lluvia o si os pica el gusanillo, podéis refugiaros y tomar una rica sopa, nosotros probamos una de puerro y patata, bastante típica de allí y estaba deliciosa, también tienen unos muffins de frambuesa enormes y deliciosos, además de sandwiches y otros ricos platos escoceses.

img_53061.jpg

Una cosa que me gustó mucho de esta encantadora ciudad es que todo es muy verde, y hay muchos parques y zonas de juego infantil que están mil veces más preparadas que las que podemos encontrar en España.

Justo en el centro de la ciudad encontramos “Princess Park”, que es un parque muy grande y bonito, en el que si tenéis suerte y pilláis buen tiempo, veréis que todo el mundo aprovecha para estirar su manta y tumbarse sobre el césped para iluminarse con cualquier reflejo de los rayos del sol.

Tampoco podéis perderos “TheMeadows”, un parque con una zona enorme de juegos para niños, con diferentes áreas, de arena, césped, pistas, caminos… Es un parque grandísimo y muy muy verde donde además hay una zona en la está permitido hacer barbacoas, por lo que verás a muchos grupos con su manta de picnic preparando la cena al aire libre.

Y si la suerte no os acompaña y tenéis días de mucha lluvia durante vuestra estancia en Edimburgo, estáis de suerte, porque los museos son gratuitos, tanto el museo de Escocia como la National Gallery son de libre acceso, un plan perfecto para días grises.

IMG_5313

Pero sin duda, lo que más me gustó de este viaje fue nuestra escapada a las Highlands, si tenéis oportunidad os recomiendo muchísimo que alquiléis un coche y salgáis de la ciudad para contemplar los estupendos paisajes que hay en Escocia.

Nosotros fuimos a una granja en el condado de Helensburgh, la granja Ardardan, una visita super recomendable. Lucas disfrutó como nunca y nosotros también, vimos vacas de pelo largo, las famosas highland cows y comimos la mejor comida casera de todo el viaje.

IMG_5491

Cuando llegamos a la granja llovía, por lo que aprovechamos para visitar su tienda de productos locales, donde podéis encontrar desde diferentes tipos de queso, scones caseros, frutas y verduras que recolectan ellos mismos de su huerto, mermeladas, confituras hasta cuentos típicos escoceses. Nosotros pecamos con una cajita de galletas de mantequilla escocesas, las famosas shortbread que no podéis dejar de probar, un botecito de cloted cream, que es una crema para untar en los scones  parecida a la nata pero con la textura más espesa, como tirando a una mantequilla, de hecho, yo lo definiría como un híbrido entre una nata y una mantequilla, y también le compramos algunos cuentos requetebonitos a baby Luquis, entre ellos el ya clásico escocés “The Gruffalo”, que os lo recomiendo mucho si no lo habéis leído, es super divertido.

IMG_5467

Cuando cesó la lluvia, nos hicimos con un mapita y salimos a dar un paseo por los alrededores de la granja, había un sendero que se adentraba en un bosque muy frondoso donde, a mitad de camino, tenían algunos “juegos ” preparados para los pequeños y no tan pequeños, como un laberinto, columpios naturales… una auténtica delicia de caminata de la que disfrutamos muchísimo en familia.

Después estuvimos viendo algunos animales como cerdos de pelo negro (con testículos en la garganta :D) y mis adoradas highand cows, ¡no me podía ir sin verlas! Creo que disfruté yo más de este momento que el pequeño Lucas 😀

IMG_5481

Justo cuando nuestra caminata estaba llegando a su fin, de nuevo comenzó a llover, así que como ya eran las dos de la tarde, decidimos comer en el acogedor restaurante que tenían dentro de la granja, ¡y que buena elección! Fue la mejor comida casera british de todo el viaje. Tomamos una sopa de lentejas deliciosa que venía acompañada de un scone de queso cheddar y de segundo un típico pie inglés gratinado con puré de patata, aún sigo soñando con esa comida.

IMG_5494

Después, continuamos nuestro viaje hacia Luss, el pueblo más bonito a orillas del Lago Lomond. No pudimos ir a conocer el Lago Ness porque quedaba mucho más lejos, pero nuestros amigos Charlie y Bea nos aseguraron que este es mucho más bonito, y creo que no se equivocaban.

En este pueblo, de camino a los lagos hay una tiendita preciosa, con los souvenirs más bonitos de todo Escocia. Es un poco carita, pero merece la pena si no quieres comprar los típicos souvenirs cutres. Nosotros nos llevamos unos posavasos muy monos de recuerdo.

IMG_5548

Sin duda puedo decir que este ha sido un viaje para recordar, nuestro primer viaje largo en familia, nuestro primer viaje siendo 4 (porque bebé 2 ya estaba en la barriguita de mamá), con muchas primeras veces y muchos momentos felices.

****

Algunas recomendaciones para comer en Edimburgo: 

(Corre el rumor de que los ingleses comen fatal, pues os diré que a mi me encantan sus costumbres, los asados de los Domingos, sus desayunos contundentes, sus pies…. Además en la ciudad hay muchas opciones y muy buenas).

  • Pret a Manger“: Bueno, bonito y barato. Es un fast good de sopas calentitas, wraps y sandwiches. Muy buena opción para cuando no quieres perder mucho tiempo en comer o para coger comida para llevar. Os diré que me encantan sus sopas, ya lo conocía de cuando he estado en Londres y me encanta su sopa de pollo y brócoli y su sopa de tomate. Y los wrap están muy bien, tienen opciones vegetarianas como el de falafel. No tienen menús de niños, pero cualquier opción de sopita me parece acertada para los peques, además tienen cajitas con frutas para postre.
  • Jamie’s Italian“: El restaurante italiano de Jamie Oliver es un acierto. Nosotros fuimos para comer a medio día y tienen una especie de menús que están muy bien de precio. En Edimburgo no se estila lo del menú del día, así que fue genial encontrar una opción así, por 14 libras por cabeza comimos muy bien, con primero, segundo y postre. Además se nota que los ingredientes son de primera calidad y los refrescos que sirven son orgánicos. Todo muy rico, todo muy Jamie, y es que nosotros somos muy fans de este cocinero británico. Tienen tronas infantiles y menús para niños.
  • The standing order“: Es una franquicia parecida a nuestros Vips de aquí, donde no tienes que levantarte para pedir ni esperar al camarero, si no que lo haces desde el móvil. La comida está rica, tienen menús infantiles y tronas para niños. Además si vais al de George St. es muy curioso porque era el antiguo banco central de la ciudad y aun conservan su caja fuerte.
  • Mimi’s bakehouse“: Para hacer la ceremonia del te inglés. Te riquísimo, acompañado de tres pisos de felicidad, sandwiches, scones y diferentes trozos de tarta.

Por supuesto hay muchos más sitios, pubs típicos donde tomar un auténtico asado típico de Domingo o un pie inglés, que si podéis ir, también os recomiendo, pero esto es sólo una pequeña selección de algunos sitios en los que nosotros comimos.

***

Si como yo sois amantes de los cacharritos de cocina, os recomiendo que visitéis una tienda que se llama “Divertimenti“, en ella encontraréis moldes, vajilla, libros de cocina… en fin, un paraíso para los freaks de este mundillo. Podéis echar un ojo a su tienda online para haceros una idea.

***

Y por último, otra cosa que no os podéis perder son las charity shops, que son tiendas de segunda mano, administradas por una organización caritativa para recaudar dinero.

Allí podréis encontrar de todo, son tiendas super divertidas, donde todo está en muy buen estado, nosotros recorrimos la zona de Stockbridge, donde hay varias muy juntas, y conseguimos unos cubiertos super antiguos, que yo tenía muchas ganas de hacerme con ellos para mis fotos culinarias, algunos libros de cocina y unas tazas preciosas para regalar a nuestros amigos Charlie y Bea.

IMG_5030

Edimburgo con niños. Primera parte

Este verano ha sido muy especial porque hemos podido hacer nuestro primer viaje largo en familia.

Lucas ya tiene 19 meses,  cada vez va siendo más consciente y disfruta mucho cuando hacemos planes en familia, por lo que este viaje ha sido una experiencia maravillosa.

En primer lugar me gustaría contaros como es un viaje en avión con un bebé, ya que, seguro que a muchos os puede resultar útil si vais a volar en los próximos meses, y a pesar de lo que pueda parecer, existen muchas facilidades para las familias que viajan con niños en avión.

La mayor ventaja es que los niños pequeños hasta los dos años no pagan asiento en el avión, sólo pagan una tasa que nunca suele superar los 30€, por lo que es una manera de animarnos a viajar con ellos cuando son pequeñitos para que vayan acostumbrándose y ampliando horizontes.

Lo primero que nos preocupaba era la cantidad de bultos que podíamos llevar en cabina,  cuando viajas con niños tan pequeños siempre es imprescindible viajar con una bolsa en la que poder llevar todo lo necesario para cualquier situación o emergencia, pañales, ropa de cambio, una botella de agua, algún tentempié, juguetes… Hoy en día puedes llevar una maletita de cabina más un bolso de mano por cada pasajero en casi todas las compañías, incluidas las de bajo coste, y el bebé tiene derecho a una bolsa para llevar sus cosas (la típica bolsa que llevas enganchada al carrito sirve). Nosotros volamos con Easy Jet y no nos pusieron ninguna pega, es más, a la vuelta volvíamos un poco más cargados de lo habitual y también llevábamos alguna bolsa de más con souvenirs y algunas cosas de comer que habíamos comprado en el super (esos son los souvenirs que a mi más me gustan :D), pero cuando viajas con niños hacen bastante la vista gorda en todos los sentidos, tenía que decirlo.

Para movernos por Edimburgo y para viajar lo más ligeros posibles optamos por llevarnos la silla de paseo Mclaren Quest, que es una silla de paraguas bastante ligera y muy cómoda para plegar que comenzamos a usar cuando Lucas tenía 11 meses aproximadamente. Él aún es pequeño y no aguanta caminatas demasiado largas, a pesar de que es un niño al que le gusta andar bastante, pero como es normal, se acaba cansando.

 img_5038

Cuando vuelas con un niño te permiten llevar un carrito o silla de paseo sin coste adicional en el avión, es muy cómodo porque tu vas con la silla hasta la misma puerta del avión y cuando llegas allí, solo tienes que plegarla y dejarla en el suelo, entonces te la recogen, la bajan a la bodega del avión con el resto de equipajes y después, cuando aterrizas, te la dejan a la salida del avión de nuevo. Nosotros en una ocasión hasta dimos con un azafato muy amable que nos la abrió y todo, ¡un lujo vamos!

img_4945

Con respecto al tema del entretenimiento en los aviones, hay que tener mucho en cuenta las horas de vuelo, a Edimburgo “sólo” son 2 horas y media, y digo “sólo” porque si el niño no se duerme a veces puede resultar una auténtica tortura. Con Lucas ya habíamos viajado en otra ocasión en avión, hicimos una escapada a Amsterdam cuando tenía 16 meses (de la que por cierto, también tengo pendiente hablaros) y tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta el siempre fue dormido, le da un poco de miedo cuando el avión despega, entonces el se acurruca conmigo se pone a tomar “teti” y se queda dormido. Pero esta vez no ha sido así, en el viaje de ida no se durmió, al principio, en el despegue, se acurrucó con su padre y cuando ya se dio cuenta de que no pasaba nada, no paraba de mirar por la ventana, sacar las revistas del asiento, desplegar y plegar la bandeja, etc. Nos las ingeniamos como pudimos para entretenerle esas dos horas y media, yo le había llevado varios cochecitos de juguete y su avión Tuc tuc para que imitara el despegue, lo que le entretuvo un ratito, que no debió ser más largo de 20 minutos, luego también nos inventamos un cuento con la tarjeta que hay en el respaldo del asiento sobre que hacer en caso de emergencias (era un cuento sobre un señor que se llamaba Pedro y al que le daba miedo volar :D) y por último llevábamos algunos capítulos de sus series favoritas descargadas en Netflix, no nos gusta abusar de la tele, pero reconozco que para algunas situaciones te salva de un apuro. Lucas es un loco de los coches y los vehículos de motor, así que estuvimos un ratito viendo “Chuck el camión” y “Tayo, the little bus”, dos dibujos animados que le encantan.

Cuando faltaban 15 minutos para aterrizar, el pequeño Lu estaba tan cansado que acabó durmiéndose, ¡normal! después de toda la mañana danzando sin parar, aunque se despertó al bajar del avión.

Por fin llegamos a Edimburgo, donde hacía un fresquito super agradable en comparación con las altísimas temperaturas que estábamos sufriendo en Madrid, y allí, en el aeropuerto, nos estaban esperando para darnos la bienvenida nuestros amigos, Charlie y Bea, quienes nos acogerían en su casa durante una semana.

Nada más llegar, cogimos un taxi y nos dirigimos hacia casa de nuestros amigos, un taxi desde el aeropuerto hasta casi cualquier parte de Edimburgo no son más de 25 libras, así que merece la pena cogerlo, sobretodo cuando vas cargado con maletas, compensa muchísimo.

Llegamos a su casa, por cierto, una casita preciosa con fachada muy british y un jardín verdecito precioso, en la mesa del comedor nos recibía un jarrón con rosas precioso, dejamos el equipaje y nos instalamos; después, Charlie y Bea tenían reservado un afternoon tea en la zona del puerto, ¡Que ilusión! ¡Con lo que me gustan a mi estas cosas! El sitio se llamaba “Mimi’s Bakehouse” y era un perfecto salón de te inglés. Allí realizamos, como no podía ser de otra manera, la ceremonia del afternoon tea, que consiste en elegir un te de la carta que te guste que te traen acompañado de un stand de varios pisos con una mezcla de piezas dulces y saladas.

El nuestro eran tres pisos y estaba compuesto de Sandwiches variados y unos mini pastelitos de carne en el piso inferior, diferentes trozos de tarta y cupcakes en el piso intermedio, y scones, la estrella del afternoon tea, en el piso superior.

 img_4973

Con esto y un paseo por la Royal Mile, la calle más importante de Edimburgo, terminamos nuestro primer día en la ciudad.

Espero que os haya gustado la primera parte de nuestra crónica de viaje, el próximo día os seguiré contado nuestras aventuras por esta encantadora ciudad.

Mientras tanto ¡¡Disfrutad del fin de semana!!