Mi experiencia con la lactancia materna

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Mi experiencia con la lactancia materna ha sido, y todavía continua siendo, una de las más maravillosas de mi vida.

Ser capaz de alimentar a otro ser, verlo crecer, saber que está sano, es algo que no se puede expresar con palabras.

Como ya he contado en otra ocasión, mi parto fue por cesárea. Yo había leído mucho durante el embarazo y estaba muy bien informada, tenía muy claro que yo quería dar el pecho a mi bebé, pero había escuchado cientos de historias acerca de que en algunos hospitales si te hacían cesárea, al estar la madre un tiempo separada del niño le daban un biberón de leche artificial para que estuviera alimentado. Yo no quería eso para Lucas, rotundamente no. Entre otras cosas, porque, si no existe ninguna complicación el bebé puede estar sin tomar nada hasta muchas horas después del parto, ya que, están perfectamente nutridos con el líquido amniótico.

Afortunadamente cuando Lucas nació, el tiempo que pasamos separados, que fue cerca de una hora, estuvo bien pegadito al pecho de su padre (ya me ocupé yo de repetir una y otra vez al personal del hospital que no le dieran ningún biberón) y cuando yo me reencontré con ellos, enseguida le puse al pecho y se enganchó perfectamente. Fue como si los dos hubiéramos nacido para ello.

El tiempo que estuvimos en el hospital fue todo bastante rodado, recuerdo que me salió una pequeña grieta en el pecho izquierdo, pero nada que la milagrosa cremita de lanolina no pudiera arreglar.

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Después de cuatro días en el hospital, por fin volvimos a casa, nuestra vida siendo tres había comenzado. Ese día todo siguió con normalidad hasta que por la noche lo empecé a notar.

LA SUBIDA DE LA LECHE

Mis pechos comenzaron a hincharse, notaba un hormigueo que me recorría y empecé a sentir dolor. A mi nadie me había contado que ni como era eso de la subida de la leche, y yo estaba feliz en mi mundo en el que un bebé y una mamá habían nacido para la lactancia materna.

Puse a Lucas al pecho, pero lo tenía tan hinchado que le resultaba imposible engancharse. El pobre lloraba desconsolado y yo no sabía que hacer. Pensé en sacarme leche, pero una matrona del hospital me había “malaconsejado” que no lo hiciera, ya que, si no después produciría demasiado y me tendría que sacar constantemente. Llamé a mi hermana desesperada, ella ya era madre desde hacía 4 años y estaba esperando su segundo bebé. Me dijo que no me preocupara, que era absolutamente normal, que lo mejor que podía hacer era darme una ducha con agua caliente y masajearme los pechos con las manos para descongestionarlos un poco. Y así lo hice.

Recuerdo que cuando salí de la ducha y me quité la toalla un chorro de leche salió disparado contra el espejo del baño, no exagero, es real, estas cosas pasan y mucho.

Después de la ducha y de mucho rato intentándolo logre que Lucas se enganchara y pudiera mamar. Fueron varios días de hormigueos, pechos duros como piedras y dolor.

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El primer mes de lactancia es el más duro, es un periodo de adaptación en el que la mamá y el bebé están aprendiendo. Es muy normal que salgan grietas en los pezones, lo que significa que el bebé no está adoptando una buena posición al mamar, a mi me salieron y duelen, pero como en todo, hay que pasarlo para poder avanzar. Y una vez superado el comienzo, la lactancia materna es algo maravilloso.

Yo tuve la suerte de acudir a unas charlas de lactancia que organizan en el ambulatorio de Parque Coimbra, ya que, en el ambulatorio de mi ciudad no hacen nada parecido. Mi gran amiga de la infancia, Ángela, que había tenido también un bebé 15 días antes que yo, me animó a acompañarla. Fue muy bonito y muy enriquecedor poder compartir esos momentos con mi amiga y con otras muchas mamás que estaban en la misma situación que nosotras. Allí conocí al doctor Aybar, quien me enseñó como colocar a Lucas en la posición correcta, un pediatra experto en lactancia materna, que a pesar de estar jubilado sigue colaborando en muchas actividades del centro y que es, además de un profesional increíble, una bellísima persona.

El barbas y yo vimos algunas conferencias de Carlos Gonzalez en youtube, donde hablaba del agarre del pecho, las diferentes posturas que se pueden adoptar y el instinto natural del bebé. Es increíble como si te tumbas boca arriba en la cama y te colocas al bebé encima, el va a reptar por tu busto hasta encontrarse con tu pezón, nosotros lo hicimos y es algo maravilloso.

LOS PRIMEROS MESES DE LMD

El primer mes de LMD fue muy duro, yo estaba aprendiendo todo, porque aunque en un principio me creyera que si, no sabía nada acerca de la lactancia, y desde luego que no hay nada como la experiencia de uno mismo. A veces tenía dudas, muchas dudas, sobre si lo estaba haciendo bien, si Lucas comía lo suficiente, si mamaba mucho, si mamaba poco, si debía despertarle, si tenía que dejarle dormir… pero juntos, Lucas y yo, fuimos adaptando nuestros propios ritmos.

En sus primeros días de vida, cuando tomaba el pecho, yo le apretaba el piececito para que no se quedara dormido, pues la fuerza que realizan al mamar es tal que se agotan enseguida y se duermen, pero haciéndole unas ligeras cosquillitas en el pie o apretándoselo un poquito, se despertaba y continuaba comiendo.

Durante los dos primeros meses aproximadamente Lucas tomaba el pecho cada hora, ya fuera de noche o de día, por lo que yo era como un fantasma que vagaba por la casa y sobrevivía a base de café. Además cuando el dormía, yo aprovechaba para hacer otras cosas como ordenar la casa, cocinar, ducharme… por lo que dormir lo que se dice dormir no  lo hacía mucho.

A partir del segundo mes aprendimos a tomar el pecho tumbados, así era más fácil para mi cuando estábamos en la cama y podía descansar un poquito más, aunque no conseguía quedarme dormida profundamente por miedo a aplastarle o a hacerle daño.

A partir del tercer mes comenzamos a cogerle el gustillo al colecho y dormíamos muy felices los tres en la cama, Lucas tenía barra libre y se enganchaba cuando lo necesitaba y yo podía descansar mucho mejor, además poco a poco se me fue quitando el miedo al aplastamiento, ya que es algo realmente difícil que pase.

Cuando Lucas cumplió 6 meses empezamos con la alimentación complementaria, pusimos en práctica el método BLW basado en una alimentación a base de sólidos, sin purés ni papillas, de lo que ya os hablaré en otra ocasión, pero su alimento principal seguía siendo el pecho.

LACTANCIA MATERNA PROLONGADA

Hoy, Lucas tiene ya 20 meses, y seguimos con LMD, los dos disfrutamos mucho de ella y de momento creo que ninguno de los dos tiene intención de dejarlo. No es ya una cuestión de alimentación, que también, ni tampoco sólo una manera de conciliar el sueño, ni de pasarle defensas, si no una serie de momentos que nos regalamos a lo largo del día, es nuestro vínculo de amor y una manera especial de demostrarnos afecto. Es nuestra manera natural de relacionarnos, lo hacemos así simplemente porque lo hemos hecho desde el principio y a los dos nos gusta.

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A día de hoy recibo muchos comentarios tanto de gente muy cercana como de otros que lo son menos, tales como, ¿cuando le vas a quitar el pecho? ¿Pero todavía sigue tomando teta? ¡Eso ya no alimenta! ¡Menudo vicio que tiene! ¡Va a estar jugando al futbol y tomando teta a la vez! ¿Y no te muerde? ¡Madre mía con los dientes que tiene te tiene que hacer polvo! Pues la hija de fulanito tomo teta hasta los 3 años y es antisocial…

En respuesta a todo eso os diré que:

  • El pecho es el alimento más natural y nutritivo que puede tomar el niño, que mejor se adapta a sus necesidades y que se va modificando en función de la edad que tienen, siendo un excelente aporte de calorías y nutrientes.
  • La OMS aconseja continuar con la lactancia hasta los dos años o más. Desde los 6 meses a los 3 primeros años de vida de un niño se produce el proceso de aprendizaje con la comida. Los niños están aprendiendo y al principio todo es un experimento para ellos, a veces querrán comer y a veces no, por lo que tomar pecho les aporta los nutrientes necesarios.A principios del siglo veinte la verdura y la fruta, se introducía muy tarde en la dieta de los niños, a los dos o tres años, y con grandes precauciones. Los niños no las necesitaban pues tomaban el pecho, que lleva todas las vitaminas necesarias.Pero cuando se extendió la lactancia artificial, los bebés empezaron a ir cortos de vitaminas y hubo que adelantar de nuevo las frutas y verduras, lo que supuso un problema: su baja concentración calórica.Según el pediatra Carlos Gonzalez, los niños pequeños, tienen el estómago muy pequeño, por lo que necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen. El problema es que casi todas las verduras tienen menos de 50 calorías por 100 gramos, y muchas incluso menos de 20, mientras que los cereales y las legumbres superan las 100, y la leche materna tiene unas 70 calorías por 100 gramos. Lo que quiero decir con esto es que la mayoría de las papillas que les damos a los bebés en las que combinamos verduras con carne, no sobrepasan las 50 calorías por 100 gramos y muchas no llegan ni a las 30, por lo que durante los primeros años de vida el mejor alimento que pueden tomar los niños es la leche materna.
  • No existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social. Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).
  • No muerden, simplemente porque para tomar pecho hay que succionar y los dientes no intervienen para nada. Os mentiría si os dijera que nunca he recibido un mordisco, me pasó cuando a Lucas le estaban saliendo los primeros dientes de abajo y ya tenía fuera los dos de arriba, estaba muy molesto y mordía todo desesperadamente. Pero cuando eso ocurrió, le reñí, le expliqué que eso no se hacía, el lo entendió y no volvió a pasar. Además cuando lo hizo ya no estaba mamando si no jugueteando con el pezón.

Y para terminar me gustaría nombraros una serie de razones por las que realmente merece la pena dar el pecho:

  1. Porque es lo natural. El ciclo reproductivo natural de la mujer, como mamíferas que somos, esta formado por concepción, gestación, parto y lactancia. Ningún laboratorio o industria pueden hacer un producto mejor que el que hacemos nosotras. Y es un motivo de orgullo no poder ser reemplazadas.
  2. Favorece la relación afectiva entre madre e hijo y produce un beneficio psicológico para el padre, madre, el niño y la familia.
  3. Porque es barato, lo llevo siempre encima y está a la temperatura ideal.
  4. Ayuda a la recuperación de la madre después del parto. La succión del bebé inmediatamente después del parto estimula las contracciones uterinas y la expulsión de la placenta. El útero vuelve más rápidamente a su forma y tamaño.
  5. La lactancia reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios y favorece un menor índice de osteoporosis, siendo los beneficios mayores cuanto más dure la lactancia.
  6. Ayuda a reducir más rápidamente los kilos ganados en exceso después del parto.
  7. Y la última, pero mi favorita, Cualquiera puede cambiarle los pañales, darle un biberón o sacarle los gasecitos, pero solo yo puedo darle el pecho. Es algo que solo puedo hacer yo, nadie puede calmarle la sed sin darle agua, decirle te quiero sin hablar o alimentarle sin darle comida y aquí es donde saco a relucir la mejor expresión de mi misma y puedo afirmar con seguridad que es la única cosa en el mundo de la que puedo sentirme orgullosa de haber hecho sincera y puramente bien.

Espero que mi experiencia pueda servir de ayuda a alguna mamá que esté adentrándose en este bonito camino, que no es fácil y en algunos momentos se hace muy duro pero que merece mucho la pena.

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(LMD: Lactancia materna a demanda)

FUENTES: “Comer, amar, mamar” Carlos Gonzalez; Organización Mundial de la Salud (OMS); Asociación Española de Pediatría (AEP)

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Hoy es el día mundial contra el cancer de mamá, por lo que aprovecho para dar todo mi apoyo a todas las mujeres que están luchando contra esta enfermedad.

Edimburgo con niños. Primera parte

Este verano ha sido muy especial porque hemos podido hacer nuestro primer viaje largo en familia.

Lucas ya tiene 19 meses,  cada vez va siendo más consciente y disfruta mucho cuando hacemos planes en familia, por lo que este viaje ha sido una experiencia maravillosa.

En primer lugar me gustaría contaros como es un viaje en avión con un bebé, ya que, seguro que a muchos os puede resultar útil si vais a volar en los próximos meses, y a pesar de lo que pueda parecer, existen muchas facilidades para las familias que viajan con niños en avión.

La mayor ventaja es que los niños pequeños hasta los dos años no pagan asiento en el avión, sólo pagan una tasa que nunca suele superar los 30€, por lo que es una manera de animarnos a viajar con ellos cuando son pequeñitos para que vayan acostumbrándose y ampliando horizontes.

Lo primero que nos preocupaba era la cantidad de bultos que podíamos llevar en cabina,  cuando viajas con niños tan pequeños siempre es imprescindible viajar con una bolsa en la que poder llevar todo lo necesario para cualquier situación o emergencia, pañales, ropa de cambio, una botella de agua, algún tentempié, juguetes… Hoy en día puedes llevar una maletita de cabina más un bolso de mano por cada pasajero en casi todas las compañías, incluidas las de bajo coste, y el bebé tiene derecho a una bolsa para llevar sus cosas (la típica bolsa que llevas enganchada al carrito sirve). Nosotros volamos con Easy Jet y no nos pusieron ninguna pega, es más, a la vuelta volvíamos un poco más cargados de lo habitual y también llevábamos alguna bolsa de más con souvenirs y algunas cosas de comer que habíamos comprado en el super (esos son los souvenirs que a mi más me gustan :D), pero cuando viajas con niños hacen bastante la vista gorda en todos los sentidos, tenía que decirlo.

Para movernos por Edimburgo y para viajar lo más ligeros posibles optamos por llevarnos la silla de paseo Mclaren Quest, que es una silla de paraguas bastante ligera y muy cómoda para plegar que comenzamos a usar cuando Lucas tenía 11 meses aproximadamente. Él aún es pequeño y no aguanta caminatas demasiado largas, a pesar de que es un niño al que le gusta andar bastante, pero como es normal, se acaba cansando.

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Cuando vuelas con un niño te permiten llevar un carrito o silla de paseo sin coste adicional en el avión, es muy cómodo porque tu vas con la silla hasta la misma puerta del avión y cuando llegas allí, solo tienes que plegarla y dejarla en el suelo, entonces te la recogen, la bajan a la bodega del avión con el resto de equipajes y después, cuando aterrizas, te la dejan a la salida del avión de nuevo. Nosotros en una ocasión hasta dimos con un azafato muy amable que nos la abrió y todo, ¡un lujo vamos!

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Con respecto al tema del entretenimiento en los aviones, hay que tener mucho en cuenta las horas de vuelo, a Edimburgo “sólo” son 2 horas y media, y digo “sólo” porque si el niño no se duerme a veces puede resultar una auténtica tortura. Con Lucas ya habíamos viajado en otra ocasión en avión, hicimos una escapada a Amsterdam cuando tenía 16 meses (de la que por cierto, también tengo pendiente hablaros) y tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta el siempre fue dormido, le da un poco de miedo cuando el avión despega, entonces el se acurruca conmigo se pone a tomar “teti” y se queda dormido. Pero esta vez no ha sido así, en el viaje de ida no se durmió, al principio, en el despegue, se acurrucó con su padre y cuando ya se dio cuenta de que no pasaba nada, no paraba de mirar por la ventana, sacar las revistas del asiento, desplegar y plegar la bandeja, etc. Nos las ingeniamos como pudimos para entretenerle esas dos horas y media, yo le había llevado varios cochecitos de juguete y su avión Tuc tuc para que imitara el despegue, lo que le entretuvo un ratito, que no debió ser más largo de 20 minutos, luego también nos inventamos un cuento con la tarjeta que hay en el respaldo del asiento sobre que hacer en caso de emergencias (era un cuento sobre un señor que se llamaba Pedro y al que le daba miedo volar :D) y por último llevábamos algunos capítulos de sus series favoritas descargadas en Netflix, no nos gusta abusar de la tele, pero reconozco que para algunas situaciones te salva de un apuro. Lucas es un loco de los coches y los vehículos de motor, así que estuvimos un ratito viendo “Chuck el camión” y “Tayo, the little bus”, dos dibujos animados que le encantan.

Cuando faltaban 15 minutos para aterrizar, el pequeño Lu estaba tan cansado que acabó durmiéndose, ¡normal! después de toda la mañana danzando sin parar, aunque se despertó al bajar del avión.

Por fin llegamos a Edimburgo, donde hacía un fresquito super agradable en comparación con las altísimas temperaturas que estábamos sufriendo en Madrid, y allí, en el aeropuerto, nos estaban esperando para darnos la bienvenida nuestros amigos, Charlie y Bea, quienes nos acogerían en su casa durante una semana.

Nada más llegar, cogimos un taxi y nos dirigimos hacia casa de nuestros amigos, un taxi desde el aeropuerto hasta casi cualquier parte de Edimburgo no son más de 25 libras, así que merece la pena cogerlo, sobretodo cuando vas cargado con maletas, compensa muchísimo.

Llegamos a su casa, por cierto, una casita preciosa con fachada muy british y un jardín verdecito precioso, en la mesa del comedor nos recibía un jarrón con rosas precioso, dejamos el equipaje y nos instalamos; después, Charlie y Bea tenían reservado un afternoon tea en la zona del puerto, ¡Que ilusión! ¡Con lo que me gustan a mi estas cosas! El sitio se llamaba “Mimi’s Bakehouse” y era un perfecto salón de te inglés. Allí realizamos, como no podía ser de otra manera, la ceremonia del afternoon tea, que consiste en elegir un te de la carta que te guste que te traen acompañado de un stand de varios pisos con una mezcla de piezas dulces y saladas.

El nuestro eran tres pisos y estaba compuesto de Sandwiches variados y unos mini pastelitos de carne en el piso inferior, diferentes trozos de tarta y cupcakes en el piso intermedio, y scones, la estrella del afternoon tea, en el piso superior.

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Con esto y un paseo por la Royal Mile, la calle más importante de Edimburgo, terminamos nuestro primer día en la ciudad.

Espero que os haya gustado la primera parte de nuestra crónica de viaje, el próximo día os seguiré contado nuestras aventuras por esta encantadora ciudad.

Mientras tanto ¡¡Disfrutad del fin de semana!!