Bizcochitos de melocotón y frambuesa para despedir el verano

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Ya se está acabando el verano, si, pero yo me resisto un poco a creerlo, aunque la vuelta a la rutina ya se está encargando de recordármelo.
A pesar de que el Otoño es una estación que me encanta, me cuesta mucho ese periodo de transición de una época del año a otra. Soy muy friolera y Otoño significa que dentro de muy poco llegará el invierno, aunque para ser sincera, el invierno también me encanta porque adoro la Navidad, pero eso quiere decir frío, mucho frío… brrrr….
Todavía conservo algunos restos del verano, aún me quedan algunas frutas como melocotones o frambuesas, por eso he querido despedir el verano con este rico bizcocho, rápido y sencillo pero un acierto.
En su preparación incluimos harina de almendras, lo que le aporta un toque crujiente que hace que este bizcocho sea un poco más especial.
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Ultimamente tengo poco tiempo para cocinar en casa, y menos para hacer cositas dulces, pero me gusta sacar un hueco cuando puedo para estos pequeños placeres, porque no nos gusta comprar dulces industriales pero si darnos un capricho en casa de vez en cuando.
Así que ayer, tomamos estos bizcochitos para merendar, y nos gustaron mucho, es una receta muy sencilla a la harina de almendras le aporta un toque fascinante.
El barbas, que no se iba a escapar de salir hoy por aquí, también se llevo unos cuantos al trabajo, porque que tenía una reunión importante y ya se sabe, los negocios con el estómago lleno mucho mejor, y de vuelta a casa me trajo muchas felicitaciones de sus compañeros de trabajo, diciendo que les había gustado mucho.
Así que creo que tengo que compartir esta receta con vosotros para que también lo probéis en casa, porque se que os resultará, cuanto menos, sencilla y satisfactoria.
BIZCOCHO DE MELOCOTÓN Y FRAMBUESA
 
INGREDIENTES:
175 gr. de mantequilla
175 gr. de azúcar moreno
2 huevos
175gr. de harina de espelta
1 cc. de levadura
100 gr de harina de almendras (almendras molidas)
2 cs. de leche desnatada
150 gr. de melocotones cortados en trocitos pequeños
175 gr. de frambuesas
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PREPARACIÓN:

Precalentar el horno a 180ºC.

Mezclamos la harina con la levadura y la almendra molida y reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta obtener una masa suave y esponjosa.

Añadimos los huevos uno a uno, continuamos batiendo hasta que estén bien integrados y añadimos las dos cucharadas de leche desnatada (se puede hacer con leche entera, pero como yo no tengo en casa, le pongo desnatada).

Incorporamos la mezcla de la harina que teníamos reservada y, por último los trocitos de melocotón y la frambuesa.

Repartimos la masa en nuestros moldes, como yo lo hice en moldes de papel medianitos, no necesité engrasarlos, pero si lo hacéis en un molde grande de metal, debéis ponerle un poco de spray para engrasar, mantequilla o aceite suave.

Introducimos nuestros bizcochos en el horno y los horneamos durante unos 45 minutos o hasta que al insertar un palito en el centro salga limpio.

Si lo hacéis en molde grande probablemente sea más tiempo, al rededor de una hora, eso ya, depende de vuestro horno.

¡¡Espero que os haya gustado la receta y que paséis un feliz Lunes!!

Volvemos el viernes con una nueva entrada.

Edimburgo con niños. Primera parte

Este verano ha sido muy especial porque hemos podido hacer nuestro primer viaje largo en familia.

Lucas ya tiene 19 meses,  cada vez va siendo más consciente y disfruta mucho cuando hacemos planes en familia, por lo que este viaje ha sido una experiencia maravillosa.

En primer lugar me gustaría contaros como es un viaje en avión con un bebé, ya que, seguro que a muchos os puede resultar útil si vais a volar en los próximos meses, y a pesar de lo que pueda parecer, existen muchas facilidades para las familias que viajan con niños en avión.

La mayor ventaja es que los niños pequeños hasta los dos años no pagan asiento en el avión, sólo pagan una tasa que nunca suele superar los 30€, por lo que es una manera de animarnos a viajar con ellos cuando son pequeñitos para que vayan acostumbrándose y ampliando horizontes.

Lo primero que nos preocupaba era la cantidad de bultos que podíamos llevar en cabina,  cuando viajas con niños tan pequeños siempre es imprescindible viajar con una bolsa en la que poder llevar todo lo necesario para cualquier situación o emergencia, pañales, ropa de cambio, una botella de agua, algún tentempié, juguetes… Hoy en día puedes llevar una maletita de cabina más un bolso de mano por cada pasajero en casi todas las compañías, incluidas las de bajo coste, y el bebé tiene derecho a una bolsa para llevar sus cosas (la típica bolsa que llevas enganchada al carrito sirve). Nosotros volamos con Easy Jet y no nos pusieron ninguna pega, es más, a la vuelta volvíamos un poco más cargados de lo habitual y también llevábamos alguna bolsa de más con souvenirs y algunas cosas de comer que habíamos comprado en el super (esos son los souvenirs que a mi más me gustan :D), pero cuando viajas con niños hacen bastante la vista gorda en todos los sentidos, tenía que decirlo.

Para movernos por Edimburgo y para viajar lo más ligeros posibles optamos por llevarnos la silla de paseo Mclaren Quest, que es una silla de paraguas bastante ligera y muy cómoda para plegar que comenzamos a usar cuando Lucas tenía 11 meses aproximadamente. Él aún es pequeño y no aguanta caminatas demasiado largas, a pesar de que es un niño al que le gusta andar bastante, pero como es normal, se acaba cansando.

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Cuando vuelas con un niño te permiten llevar un carrito o silla de paseo sin coste adicional en el avión, es muy cómodo porque tu vas con la silla hasta la misma puerta del avión y cuando llegas allí, solo tienes que plegarla y dejarla en el suelo, entonces te la recogen, la bajan a la bodega del avión con el resto de equipajes y después, cuando aterrizas, te la dejan a la salida del avión de nuevo. Nosotros en una ocasión hasta dimos con un azafato muy amable que nos la abrió y todo, ¡un lujo vamos!

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Con respecto al tema del entretenimiento en los aviones, hay que tener mucho en cuenta las horas de vuelo, a Edimburgo “sólo” son 2 horas y media, y digo “sólo” porque si el niño no se duerme a veces puede resultar una auténtica tortura. Con Lucas ya habíamos viajado en otra ocasión en avión, hicimos una escapada a Amsterdam cuando tenía 16 meses (de la que por cierto, también tengo pendiente hablaros) y tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta el siempre fue dormido, le da un poco de miedo cuando el avión despega, entonces el se acurruca conmigo se pone a tomar “teti” y se queda dormido. Pero esta vez no ha sido así, en el viaje de ida no se durmió, al principio, en el despegue, se acurrucó con su padre y cuando ya se dio cuenta de que no pasaba nada, no paraba de mirar por la ventana, sacar las revistas del asiento, desplegar y plegar la bandeja, etc. Nos las ingeniamos como pudimos para entretenerle esas dos horas y media, yo le había llevado varios cochecitos de juguete y su avión Tuc tuc para que imitara el despegue, lo que le entretuvo un ratito, que no debió ser más largo de 20 minutos, luego también nos inventamos un cuento con la tarjeta que hay en el respaldo del asiento sobre que hacer en caso de emergencias (era un cuento sobre un señor que se llamaba Pedro y al que le daba miedo volar :D) y por último llevábamos algunos capítulos de sus series favoritas descargadas en Netflix, no nos gusta abusar de la tele, pero reconozco que para algunas situaciones te salva de un apuro. Lucas es un loco de los coches y los vehículos de motor, así que estuvimos un ratito viendo “Chuck el camión” y “Tayo, the little bus”, dos dibujos animados que le encantan.

Cuando faltaban 15 minutos para aterrizar, el pequeño Lu estaba tan cansado que acabó durmiéndose, ¡normal! después de toda la mañana danzando sin parar, aunque se despertó al bajar del avión.

Por fin llegamos a Edimburgo, donde hacía un fresquito super agradable en comparación con las altísimas temperaturas que estábamos sufriendo en Madrid, y allí, en el aeropuerto, nos estaban esperando para darnos la bienvenida nuestros amigos, Charlie y Bea, quienes nos acogerían en su casa durante una semana.

Nada más llegar, cogimos un taxi y nos dirigimos hacia casa de nuestros amigos, un taxi desde el aeropuerto hasta casi cualquier parte de Edimburgo no son más de 25 libras, así que merece la pena cogerlo, sobretodo cuando vas cargado con maletas, compensa muchísimo.

Llegamos a su casa, por cierto, una casita preciosa con fachada muy british y un jardín verdecito precioso, en la mesa del comedor nos recibía un jarrón con rosas precioso, dejamos el equipaje y nos instalamos; después, Charlie y Bea tenían reservado un afternoon tea en la zona del puerto, ¡Que ilusión! ¡Con lo que me gustan a mi estas cosas! El sitio se llamaba “Mimi’s Bakehouse” y era un perfecto salón de te inglés. Allí realizamos, como no podía ser de otra manera, la ceremonia del afternoon tea, que consiste en elegir un te de la carta que te guste que te traen acompañado de un stand de varios pisos con una mezcla de piezas dulces y saladas.

El nuestro eran tres pisos y estaba compuesto de Sandwiches variados y unos mini pastelitos de carne en el piso inferior, diferentes trozos de tarta y cupcakes en el piso intermedio, y scones, la estrella del afternoon tea, en el piso superior.

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Con esto y un paseo por la Royal Mile, la calle más importante de Edimburgo, terminamos nuestro primer día en la ciudad.

Espero que os haya gustado la primera parte de nuestra crónica de viaje, el próximo día os seguiré contado nuestras aventuras por esta encantadora ciudad.

Mientras tanto ¡¡Disfrutad del fin de semana!!

 

Quesadillas hot & Veggie

 

Al barbas y a mi nos chiflan las quesadillas, creo que yo soy la culpable de todo esto, porque me encanta la comida mexicana y el picante, y se lo he contagiado al chico barbudo.

La que cocina siempre en casa soy yo, es verdad que el barbas hace otro tipo de tareas domésticas que yo personalmente odio, como poner lavadoras o planchar, pero lo de la cocina es cosa mía.

Por eso, muchas noches el me pide que prepare quesadillas, que además de ser fáciles están buenísimas, y esta es una de las modalidades que tomamos en casa.

No se me ocurría mejor receta para comenzar a promover la iniciativa del #meatlessMonday o el #LunesSinCarne. ¡¡Espero que os guste y que las preparéis en casa!!

QUESADILLAS HOT & VEGGIE

INGREDIENTES:

2 tortillas mexicanas de trigo integral
1 cebolla morada
1 Pimiento verde
Medio pimiento rojo o uno pequeño
1 chile verde picante
Champiñones
Orégano
Tomillo
Pimienta negra
Sal rosa del himalaya*
Queso emmental rallado
Mozarella Fresca

Nata agria para acompañar

PREPARACIÓN:

Ponemos a calentar una sartén con aceite de oliva y sofreímos la cebolla picada, junto con los pimientos en tiras y el chile en rodajitas (si no nos gusta demasiado picante, podemos retirar las semillas, que es lo que más pica, o podemos prescindir del chile si no queremos que pique nada).

Cuando los pimientos y la cebolla estén pochados (tiernos), añadimos los champiñones laminados y esperamos a que se cocinen.

Por último aderezamos con orégano, tomillo, sal y pimienta negra recién molida.

Colocamos las quesadillas abiertas sobre nuestra superficie de trabajo, y ponemos queso emmental rallado y trocitos de mozzarella en la mitad de la quesadilla.

Por encima colocamos nuestras verduritas y cerramos la quesadilla por la mitad, en forma de media luna.

Repetimos la misma operación con la otra tortilla de trigo.

Calentamos una sartén con un poquito de aceite de oliva (no demasiado, quitamos el exceso con una servilleta de papel) y tostamos las quesadillas a fuego medio por ambos lados hasta que estén doraditas.

Para acompañar quedan muy ricas con nata agria, que podéis encontrar en grandes supermercados como Carrefour o Alcampo y si no tenéis, también les va muy bien un poco de guacamole, siempre mejor caserito pero si no tenéis tiempo, el de mercadona está mmmm…. delicioso!!

Pues esto es todo por hoy, espero que os haya gustado esta sencilla receta y la preparéis en casa.

¡¡Feliz Fin de semana!!

 ***
Nosotros siempre cocinamos con sal rosa del Himalaya, porque es más saludable, no está refinada, tiene más propiedades nutricionales y sala menos.

Mi parto y mi puerperio. Una nueva vida da comienzo

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No se me ocurre mejor título para comenzar esta entrada. Esta es la historia de una nueva vida, o mejor dicho de dos nuevas vidas, la de la llegada de baby Lucas y el comienzo de mi vida como madre.

Ya ha pasado un año y medio desde que Lucas nació,  y es hoy y no antes cuando estoy preparada para contaros abiertamente la historia de como el pequeño Lucas vino al mundo.

Tuve un embarazo fantástico, apenas sentí molestias de ningún tipo y la vida me brindó la oportunidad de disfrutar de 9 meses maravillosos con el barbas mientras preparábamos todos los detalles para la llegada de nuestro bebé.

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Tuve tiempo de viajar, trabajé hasta el octavo mes de embarazo, leí todo lo que pude sobre el tema, acudí a todo tipo de charlas y reuniones de embarazo, parto y lactancia, limpié, coloqué y redistribuí miles de veces nuestra minicasa y fui muy feliz durante las 41 semanas que duró mi embarazo.

Yo estaba convencida de que el parto se me adelantaría y de que Lucas iba a nacer antes de la fecha en la que yo salía de cuentas, pero el estaba muy calentito dentro de mi barriga y no tenía ganas de salir.

7 días después de que hubiéramos salido de cuentas el barbas y yo fuimos al hospital a que me pusieran los monitores y fue entonces cuando me dijeron que estaba de parto. Aquí empezó todo.

Yo me había levantado esa mañana con la sensación de que ese día conocería a mi bebé, estaba muy emocionada, a pesar de que no sentía ni una sola contracción. Salimos temprano de casa, y a las 9 ya estábamos en el hospital.

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Entré a la sala de monitores, me pusieron todos esos cables y cacharritos por la tripa y como cada vez que íbamos, escuchamos los latidos de nuestro pequeño que sonaban con fuerza, estuvimos un rato relajados, imaginándonos una vez más como sería su carita que tan poco faltaba para conocer. Pasamos algo más de media hora allí y entonces la doctora me llamó a la consulta.

Carol, estás de parto, aún no tienes contracciones muy fuertes pero ya estás dilatada de 2cm, así que vas a quedarte ingresada, si no igualmente te íbamos a ingresar el Lunes porque ya estás de 41 semanas y es mejor que el bebé nazca ya.

Me pasó a la camilla y me hizo la última eco, después me hizo un tacto y note un dolor intenso. -Te he quitado el tapón mucoso me dijo, aún no tenías el cuello del útero borrado del todo, y esto te ayudará a que el parto comience antes.

En ese momento sentí violada mi más absoluta intimidad, yo había leído mucho durante el embarazo, quizá demasiado, estaba muy informada y sabía perfectamente como quería que fuese mi parto, un parto lo más natural posible, respetado y consciente. Había hecho hasta mi propio plan de parto, que no tuve el valor de entregar en el hospital y aún hoy, me arrepiento.

Carol, vamos a ayudarte a dilatar con oxitocina, para que el parto sea más rápido. Lo que traducido al castellano significa, vamos a inducirte el parto.

Todavía sigo preguntándome porque no me levanté y me largué a mi casa hasta que yo misma, naturalmente me pusiera de parto, quizá por miedo, y algo de desconocimiento, quizá  porque la tripa ya pesaba demasiado y en el fondo deseaba tener a Lucas ya entre mis brazos, y quizá también por la mezcla de emociones que tenía dentro de mi y no me dejaban pensar con claridad.

Ingresamos en el hospital a las 11 de la mañana, y hasta 12 horas más tarde, Lucas no vino al mundo.

El parto fue para mi, la experiencia más dolorosa de mi vida, tanto física como emocionalmente, pero a la vez la más intensa y bonita, algo que jamás olvidaré y que me ha hecho crecer como persona en muchos sentidos.

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Yo tenía muy idealizado el parto, había soñado con ese momento muchas veces, pensaba que un día cualquiera notaría las contracciones y me quedaría tranquila en casa caminando y haciendo algunas posturas sobre mi pelota de pilates cronometrando cuando los dolores fuesen cada 5 minutos, entonces el barbas y yo nos iríamos al hospital, me llevarían a la sala de dilatación, empujaría, gritaría como lo hacen en las películas y me pondrían a mi bebé entre los brazos, lloraría de emoción y  seríamos muy felices.

A diferencia de eso, estuve 12 horas dentro de una habitación, postrada en una cama, ya que no me dejaban levantarme ni para caminar, ni para ir al aseo. Me rompieron la bolsa, sin avisarme, me enchufaron a una máquina y estuve 12 horas retorciéndome de dolor mientras mi madre y mi suegra cronometraban mis contracciones cada minuto.

El trato del personal del hospital fue bastante inhumano, no noté ningún tipo de empatía hacia mi ni hacia mi pareja, en un momento tan delicado, en el que todo es nuevo, tus hormonas están muy descolocadas y te sientes muy vulnerable, el trato debería ser amable, respetuoso y cariñoso, porque no se si a alguien más le ha pasado, y esto que voy a decir quizá suene muy fuerte, pero yo sentí que mi parto fue como una violación. Un montón de gente desconocida creyéndose con derecho a meter la mano y otros artilugios donde hiciera falta sin pedirme permiso ni darme ninguna explicación de lo que me estaban haciendo. Sentí que mi intimidad y mis más profundos sentimientos eran flagelados.

Eran las 10 de la noche y las contracciones ya me daban cada minuto, de repente la habitación se llenó de gente, dos enfermeras, una matrona, la doctora… mucho revuelo, yo no entendía que estaba ocurriendo, sólo quería que todo terminase pronto. La matrona se dirigió hacia mi hablándome un poco subida de tono, diciéndome que tenía que dejar de moverme, que los monitores que me habían colocado se estaban moviendo y que perdían las pulsaciones del bebé. Yo no me había movido ni medio centímetro, estaba recostada en la cama, apretando una almohada entre mis brazos y respirando profundamente entre contracción y contracción como me habían enseñado en mis clases de preparación al parto. Una enfermera me gritaba que tenía que ponerme la epidural, pero yo me negaba, por ahí no iba a pasar, eso era algo que había decidido desde muchos meses antes, las agujas no me gustan demasiado, y quería que mi parto fuera muy consciente, quería notar cada movimiento y saber cuando empujar para que Lucas sufriera lo menos posible.

Entonces me dijeron que íbamos a bajar a quirófano, no sabían que estaba pasando pero a mi bebé le bajaban las pulsaciones, yo ya estaba dilatada de 8cm así que íbamos a empujar para intentar que fuera un parto vaginal, pero si había alguna complicación me harían una cesárea de urgencia.

Yo tenía un miedo terrible a la cesárea, si había algo que sabía que no quería en mi parto era una cesárea. Cada día durante mis 9 meses de embarazo solo deseaba que fuera un parto natural.

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Preguntamos si el barbas podía acompañarme, pues que el estuviera a mi lado, era lo más necesitaba en el mundo en ese momento, nos dijeron que si. Se lo llevaron a una sala para que se pusiera el pijama de hospital y a mi me llevaron a quirófano. El barbas nunca volvió, no le dejaron pasar. Yo estuve pujando sola, aunque la sala estaba llena de gente, yo me sentía muy sola.

Me pusieron en una camilla con los pies en los estribos, me venía el dolor y yo empujaba con todas mis fuerzas, pero no era suficiente, Lucas venía con vuelta de cordón, y a la que yo empujaba el se volvía para dentro. Una enfermera se subió encima de tripa para hacer fuerza, me hizo la maniobra de kristeller, aquello me horrorizó, yo seguía empujando con todas mis fuerzas, y entonces escuche aquellas palabras a las que tanto temor les tenía: – Carol, vamos a realizarte una cesárea de urgencia.

Me sentaron en la camilla y me pincharon la raquidea (anestesia parecida a una epidural pero que hace efecto mucho más rápido, aunque es de tiempo más limitado). Entre dos celadores me pasaron a otra camilla y me cubrieron con una sábana de cintura para abajo, todo fue muy rápido, yo notaba cada movimiento que realizaba la doctora, aunque ya no sentía dolor. Note unas manos cálidas sobre mi cara, era una enfermera joven, muy guapa, por el acento tan dulce deduje que debía ser venezolana, y entonces me dijo: -Tranquila Carol cariño, todo va a salir bien. Le rogué y le supliqué que dejaran entrar al barbas y me dijo que sentía no poder hacer nada pero que ella iba a estar conmigo apretándome la mano muy fuerte. Fue la primera persona desde doce horas atrás que logró darme un poco de calor humano, no recuerdo su nombre, pero tengo su cara grabada como si de un ángel se tratara.

Eran las 23:59 y entonces escuche su llanto, Lucas había nacido, yo rompí a llorar, pusieron su cara junto a la mía y entonces se me olvidó todo, sentí que ese era el momento más feliz de mi vida.

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Tenía los ojos muy abiertos de color azul grisáceo, me miraba fijamente y yo le susurre: Lucas soy mamá. Y su llanto cesó.

Mientras a mi me cosían y me despertaban las piernas de la anestesia en la sala de recuperación, Lucas hizo el piel con piel con el barbas, o mejor dicho, el piel con pelo :D, porque como os podéis imaginar el chico barbudo es muy peludo.

Yo llegué a la habitación una hora después, y desde entonces no me separé de mi bebé, me pasé toda la noche mirándole, acurrucándole entre mis brazos con su piel desnuda tocando la mía, aprendiendo a ser su mamá, enamorándome de el a cada segundo.

Probablemente este sea el post más personal que he escrito nunca sobre mi vida, pero creo que es una experiencia que podría servir a cualquier mujer que vaya a ser o que haya sido madre, porque hay cosas que sentimos y no contamos y a veces es necesario sacarlo fuera.

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Las dos semanas después del parto me las pasé llorando, sin saber porque. Lo tenía todo, un bebé precioso, al barbas a mi lado dándome cariño, una familia increíble que me apoyaba, pero aún así, yo me sentía rota por dentro. Mi cuerpo ya no era el mismo, había cambiado, me miraba en el espejo y me veía horrible, tenía los pechos hinchados por la subida de la leche y me tiraban los puntos. Apenas podía dormir una hora seguida y sentía mucho cansancio y no sabía si estaba ejerciendo bien mi papel de madre.

Luego todo eso pasó y volví a tener una felicidad inmensa.La maternidad me ha hecho evolucionar como persona, entender mejor la vida, me enseñó el amor verdadero. La lactancia ha sido y sigue siendo una de las mejores experiencias de mi vida, algo de lo que me gustaría también hablaros en otra ocasión. Y el parto me hizo más fuerte y me descubrió lo que no quería en la vida.

Os invito a contar vuestra experiencia como madres, porque es enriquecedora, a acudir a un grupo de lactancia, a hablar con las mamis de vuestro entorno, porque nadie nació sabiendo ser madre. Porque todas las madres pasamos por lo mismo y es bueno escuchar la experiencia de las demás.

Desde aquí, todo mi cariño a todas las mamás del mundo, sobretodo a la mía, porque ahora entiendo muchas cosas y tengo mucho más respeto por la vida.

Aunque a veces es duro¡Ser madre es maravilloso!

***

Os invito a leer el blog de Andrea, “Contigo empezó todo“, blog especializado en maternidad, donde encontraréis artículos muy interesantes sobre embarazo, parto y lactancia, además de historias reales de otras mamás.

***

Quiero dar las gracias a mi doctora porque, a pesar de todo, fue una gran profesional, sacó a Lucas rapidísimo y apenas hoy tengo una pequeñísima cicatriz.

Pancakes integrales con moras y sirope de arce

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Al chico barbudo y a mi nos encanta el campo.

Siempre que podemos nos escapamos a hacer un poco de senderismo, o a dar paseos al pinar tan bonito que tenemos al lado de casa.

Hace poco mientras paseábamos por allí, descubrimos que había un montón de moras y no nos pudimos resistir a cogerlas, probamos unas cuantas y estaban buenísimas, nada ácidas, así que, aunque no llevábamos cesta, ni bolsa, ni nada para guardarlas, yo no dudé ni un segundo en doblarme el vestido rollo la casa de la pradera, e ir colocando las moras en el (en mi defensa diré, que el vestido era larguito, por lo que no iba enseñando nada malo), eso si, luego las manchas me costó quitarlas una barbaridad, ya sabéis, “la mancha de mora con otra verde se quita”….

El caso es que nos hicimos con una buena cosecha de moras, y tenemos arañazos para demostrarlo, pero este año me he saltado la tradición de hacer mermelada, porque todavía me quedan botes en la despensa del año pasado.

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Hemos hecho bizcochos de moras,  las hemos usado para echarlas en las ensaladas, para comerlas sin más o para acompañar estos ricos pacakes intregales con sirope de arce.

Ya sabéis de nuestros fabulosos desayunos de fin de semana, cuando tenemos tiempo, al barbas y a mi, nos encanta preparar algo suculento por las mañanas para sentarnos juntos a disfrutar en la mesa, mientras charlamos o leemos, para nosotros poder hacerlo el fin de semana es un verdadero placer.

Por eso, hoy os traigo esta receta, con las últimas moras que nos quedan de la temporada, para despedir el verano, porque ya se acerca lentamente el otoño.

PANCAKES INTEGRALES CON MORAS Y SIROPE DE ARCE

Ingredientes:

1 taza de harina de espelta integral
1 cucharadita de levadura química en polvo
1 pizca de sal marina
1 taza de leche vegetal (o leche de vaca si lo prefieres, nosotros usamos avena o soja)
1 huevo
4-6 dátiles (depende del tamaño)
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra

Sirope de arce o agave para acompañar

(Para esta receta no necesitamos las típicas tazas de medir americanas, sino cualquier taza que tengamos en casa, es una receta con medidas fáciles para poder hacerla en cualquier lugar sin necesidad de tener un peso u otros artilugios).

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Preparación:

Mezclamos todo con la turmix en un vaso alto y lo dejamos reposar en la nevera durante 15-20 minutos.

Después vertemos una cucharada de masa de pancakes en una sartén ligeramente engrasada con mantequilla o aceite de oliva. Cuando aparezcan burbujitas en la masa, es el momento de darle la vuelta con la ayuda de una espátula, lo cocinamos por el otro lado y cuando esté listo la colocamos en un plato.

Para que no pierdan el calor, según vamos cocinando cada pancake lo vamos apilando encima del anterior a modo de torre.

A nosotros nos encanta acompañar los pancakes con sirope de arce, porque es más natural y está muy rico, y ya con las moras, el resultado es espectacular.

¡¡Espero que os haya gustado y que pongáis esta receta en práctica este fin de semana!!

Porridge de avena con miel y frutos rojos

Porridge

Hoy quiero compartir con vosotros un desayuno que me encanta, se trata de lo que los ingleses denominan “Porridge”, que no es otra cosa que copos de avena con leche caliente y una pizca de imaginación.

Yo lo suelo acompañar con miel (como en este caso) o jarabe de arce y frutos rojos, pero también le podéis poner sabores como vainilla, canela o frutos secos, que le van muy bien y son una gran fuente de energía en el desayuno.

La avena es un carbohidrato de fácil absorción, que reduce el colesterol y actúa como regulador de nuestro metabolismo, lo que la convierte en un alimento realmente sano y recomendado.

Ya que el tiempo en nuestra sociedad es bastante escaso, y no siempre tenemos tiempo de prepararnos el desayuno que queremos os animo a probar el fin de semana, ¡seguro que os encantará!

PORRIDGE DE AVENA, MIEL Y FRUTOS ROJOS

INGREDIENTES:
(Para 2 personas)

100 gr. de copos de avena
300 ml de leche desnatada
miel, al gusto
Arándanos, grosellas y fresas

PREPARACIÓN:

Comenzamos hirviendo la leche en un cazo al fuego con los copos de avena.

Una vez que haya dado un hervor, cocinamos a fuego lento durante unos 5 minutos, veras que la mezcla va espesando y cada vez se vuelve más cremosa. No dejes de remover para que no se pegue.

Coloca la mezcla en el bol donde vayas a servir, añade los frutos rojos y rocía con miel por encima.

¡Más fácil, sano y rico imposible!

¡¡Feliz Martes!!