Crema de invierno de hinojo y espinacas

crema de invierno de hinojo y espinacas

Aunque ahora lo podemos encontrar casi siempre en los supermercados practicamente en todas las épocas de año, es ahora en Noviembre cuando comienza la temporada real del hinojo.

Yo prefiero cocinar con alimentos de temporada y si son locales mucho mejor, además siempre serán más baratos en el super que los que no están en tiempo, o los que vienen de fuera, pero he de reconocer que no siempre se puede y que uno se acaba cansando de cocinar siempre con los mismos ingredientes.

A mi me encanta el hinojo y su particular sabor anisado, por eso, he decidido preparar esta rica crema para variar un poco en nuestro abanico de sabores.

El hinojo es un bulbo, que como digo, tiene un peculiar sabor a anís, y del que sobre todo se utiliza su parte blanca, aunque la verde también es muy aromática y la podemos usar en muchas preparaciones.

Para esta receta solo he utilizado medio bulbo porque aporta mucho sabor, pero combinado con las espinacas y la patata queda un resultado delicioso.

Es una crema muy ligera, a la que la patata le aporta una textura muy suave.

Os animo a que la preparéis ahora que parece que ya viene el frío invernal, porque es muy reconfortante y os ayudará a mantener el cuerpo caliente.

Además el hinojo es muy calmante y digestivo, ¡ideal para una cena nada pesada!

CREMA DE INVIERNO DE HINOJO Y ESPINACAS

INGREDIENTES:
(Para 2-3 personas)

1 cebolla medianita
Medio bulbo de hinojo
1/2 cucharadita de cilantro molido
1/2 cucharadita de semillas de hinojo
1 patata pequeña
1 taza de espinacas
500 ml. de caldo de pollo
Sal, pimienta
1 cucharada de crema vegetal (o queso batido 0%MG)

Unas hojas de espinaca para decorar

PREPARACIÓN:

Ponemos un chorrito de aceite de oliva virgen extra en una cacerola y cuando este caliente sofreímos unos minutos la cebolla y el hinojo. Añadir una pizca de sal y pimienta recién molida.

Añadimos el cilantro molido y las semillas de hinojo y revolvemos con una cuchara.

Incorporamos la patata laminada y las espinacas, dejamos cocinar uno o dos minutos más y añadimos el caldo de pollo.

Dejamos cocinar todo durante 25-30 minutos o hasta que la patata esté tierna.

Triturar todo con la batidora y añadir una cucharada de crema vegetal o queso batido 0%MG, yo uso el de la marca Pastoret porque es mi favorito, el sabor es mucho más rico que el de otras marcas (y nadie me paga para que diga esto :D).

Servir con unas hojas de espinaca fresca por encima y un chorrito de aceite si lo deseamos.

¡¡Espero que os haya gustado la receta y que paséis un buen fin de semana!!

Cous-cous ecológico a la menta con garbanzos, tomates confitados, cherrys y albahaca

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Me encanta el cous-cous, desde que lo conozco no he dejado de tomarlo en todas sus versiones, al estilo marroquí, como un simple acompañamiento aderezado con mantequilla, o como os lo presento hoy, en una modalidad moderno-europeizada de este delicioso grano.
A pesar de que, desde un punto de vista culinario, el cous-cous o cuscús, se utiliza como si fuera un cereal, en realidad se trata de un derivado, más que de un cereal propiamente dicho, que podría considerarse un alimento bastante semejante a la pasta.
Se elabora haciendo rodar trigo y harina húmedos por un cuenco ancho y bajo hasta formar  esos pequeños gránulos tan característicos del cuscús.
Este esencial alimento africano, primo hermano del Bulgur, ha llegado a convertirse en un ingrediente habitual en nuestra cocina, debido a que se cuece con rapidez, sabe riquísimo y es muy saciante.
Su sabor neutro y su mullida textura le aportan tal versatilidad que sirve tanto para platos dulces como salados.
Para “cocerlo”, y digo cocerlo entrecomillado puesto que realmente no se cuece, sólo tenemos que calentar al fuego en un cazo, la misma cantidad de agua con sal o caldo que vayamos a emplear de cuscús, y cuando haya comenzado a hervir la retiramos del fuego añadimos dentro el cuscús y lo tapamos.
En unos minutos, como mínimo cinco y como máximo unos quince, el cuscús habrá absorbido todo el líquido y estará listo, sólo nos hará falta soltar el grano con un tenedor.
Y esta es la manera tan sencilla y rápida en la que se cocina el cuscús.
Después lo podremos emplear como queramos, mezclado tan sólo con un poco de mantequilla es un acompañamiento delicioso para cualquier tipo de plato, carne o pescado; pero yo hoy os he traído una de mis recetas preferidas, que una vez probé en uno de mis restaurantes preferidos y no he parado hasta conseguir averiguar la receta, y creo que me doy con un canto en los dientes, porque me gusta tanto que la repito casi cada semana.
Espero que  también os guste a vosotros.
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CUSCÚS ECOLÓGICO A LA MENTA CON GARBANZOS, TOMATES CONFITADOS, CHERRYS, PASAS Y ALBAHACA
 
INGREDIENTES: 
(Para 2 personas)
100 gr. de cuscús o bulgur integral
150 gr. de caldo de verduras
50 gr. de garbanzos cocidos
1 manojo de menta fresca
1 manojo de albahaca fresca
1 puñado de pasas sultanas
1 puñado de tomates cherrys
1 chorreón de aceite de oliva virgen extra
2 cucharadas de tomates confitados
PREPARACIÓN:
Poner el caldo en un cazo a calentar.
Cuando rompa a hervir, retirar del fuego, añadir los garbanzos (escurridos) y el cuscús y tapar hasta que el caldo se haya absorbido por completo.
Soltar el cuscús con un tenedor  y depositar en la fuente donde lo vayamos a servir.
Picar la albahaca y la menta, y cortar los cherrys por la mitad; añadirlo todo a la fuente del cuscús junto con las pasas, echar un chorreón de aceite de oliva y revolver bien.
Añadir los tomates confitados, mezclar bien y listo para degustar.
COMO PREPRARAR TOMATES CONFITADOS
 
INGREDIENTES:
1 Kg. de tomates maduros
250 gr. de azúcar moreno
1 chorrito de aceite de oliva
2 dientes de ajo
2 clavos de olor
1 pizca de sal
PREPARACIÓN:
Escaldar los tomates durante 1 minuto en agua hirviendo para quitarles la piel, haciéndoles un corte en forma de cruz con un cuchillo en la base.
 
Poner los tomates pelados (y troceados ligeramente), el azúcar,  la sal, el aceite, el ajo y los clavos en una olla, y cocer durante 30 minutos a fuego medio-bajo.

Transcurrido el tiempo, depositar en botes de cristal y hacer el vacío si se desea guardar.

Sólo me queda añadir que es una receta muy saludable, ideal para tomar a medio día, como un único plato.

Espero que la disfrutéis.

¡¡Feliz Lunes!!

Mi experiencia con la lactancia materna

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Mi experiencia con la lactancia materna ha sido, y todavía continua siendo, una de las más maravillosas de mi vida.

Ser capaz de alimentar a otro ser, verlo crecer, saber que está sano, es algo que no se puede expresar con palabras.

Como ya he contado en otra ocasión, mi parto fue por cesárea. Yo había leído mucho durante el embarazo y estaba muy bien informada, tenía muy claro que yo quería dar el pecho a mi bebé, pero había escuchado cientos de historias acerca de que en algunos hospitales si te hacían cesárea, al estar la madre un tiempo separada del niño le daban un biberón de leche artificial para que estuviera alimentado. Yo no quería eso para Lucas, rotundamente no. Entre otras cosas, porque, si no existe ninguna complicación el bebé puede estar sin tomar nada hasta muchas horas después del parto, ya que, están perfectamente nutridos con el líquido amniótico.

Afortunadamente cuando Lucas nació, el tiempo que pasamos separados, que fue cerca de una hora, estuvo bien pegadito al pecho de su padre (ya me ocupé yo de repetir una y otra vez al personal del hospital que no le dieran ningún biberón) y cuando yo me reencontré con ellos, enseguida le puse al pecho y se enganchó perfectamente. Fue como si los dos hubiéramos nacido para ello.

El tiempo que estuvimos en el hospital fue todo bastante rodado, recuerdo que me salió una pequeña grieta en el pecho izquierdo, pero nada que la milagrosa cremita de lanolina no pudiera arreglar.

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Después de cuatro días en el hospital, por fin volvimos a casa, nuestra vida siendo tres había comenzado. Ese día todo siguió con normalidad hasta que por la noche lo empecé a notar.

LA SUBIDA DE LA LECHE

Mis pechos comenzaron a hincharse, notaba un hormigueo que me recorría y empecé a sentir dolor. A mi nadie me había contado que ni como era eso de la subida de la leche, y yo estaba feliz en mi mundo en el que un bebé y una mamá habían nacido para la lactancia materna.

Puse a Lucas al pecho, pero lo tenía tan hinchado que le resultaba imposible engancharse. El pobre lloraba desconsolado y yo no sabía que hacer. Pensé en sacarme leche, pero una matrona del hospital me había “malaconsejado” que no lo hiciera, ya que, si no después produciría demasiado y me tendría que sacar constantemente. Llamé a mi hermana desesperada, ella ya era madre desde hacía 4 años y estaba esperando su segundo bebé. Me dijo que no me preocupara, que era absolutamente normal, que lo mejor que podía hacer era darme una ducha con agua caliente y masajearme los pechos con las manos para descongestionarlos un poco. Y así lo hice.

Recuerdo que cuando salí de la ducha y me quité la toalla un chorro de leche salió disparado contra el espejo del baño, no exagero, es real, estas cosas pasan y mucho.

Después de la ducha y de mucho rato intentándolo logre que Lucas se enganchara y pudiera mamar. Fueron varios días de hormigueos, pechos duros como piedras y dolor.

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El primer mes de lactancia es el más duro, es un periodo de adaptación en el que la mamá y el bebé están aprendiendo. Es muy normal que salgan grietas en los pezones, lo que significa que el bebé no está adoptando una buena posición al mamar, a mi me salieron y duelen, pero como en todo, hay que pasarlo para poder avanzar. Y una vez superado el comienzo, la lactancia materna es algo maravilloso.

Yo tuve la suerte de acudir a unas charlas de lactancia que organizan en el ambulatorio de Parque Coimbra, ya que, en el ambulatorio de mi ciudad no hacen nada parecido. Mi gran amiga de la infancia, Ángela, que había tenido también un bebé 15 días antes que yo, me animó a acompañarla. Fue muy bonito y muy enriquecedor poder compartir esos momentos con mi amiga y con otras muchas mamás que estaban en la misma situación que nosotras. Allí conocí al doctor Aybar, quien me enseñó como colocar a Lucas en la posición correcta, un pediatra experto en lactancia materna, que a pesar de estar jubilado sigue colaborando en muchas actividades del centro y que es, además de un profesional increíble, una bellísima persona.

El barbas y yo vimos algunas conferencias de Carlos Gonzalez en youtube, donde hablaba del agarre del pecho, las diferentes posturas que se pueden adoptar y el instinto natural del bebé. Es increíble como si te tumbas boca arriba en la cama y te colocas al bebé encima, el va a reptar por tu busto hasta encontrarse con tu pezón, nosotros lo hicimos y es algo maravilloso.

LOS PRIMEROS MESES DE LMD

El primer mes de LMD fue muy duro, yo estaba aprendiendo todo, porque aunque en un principio me creyera que si, no sabía nada acerca de la lactancia, y desde luego que no hay nada como la experiencia de uno mismo. A veces tenía dudas, muchas dudas, sobre si lo estaba haciendo bien, si Lucas comía lo suficiente, si mamaba mucho, si mamaba poco, si debía despertarle, si tenía que dejarle dormir… pero juntos, Lucas y yo, fuimos adaptando nuestros propios ritmos.

En sus primeros días de vida, cuando tomaba el pecho, yo le apretaba el piececito para que no se quedara dormido, pues la fuerza que realizan al mamar es tal que se agotan enseguida y se duermen, pero haciéndole unas ligeras cosquillitas en el pie o apretándoselo un poquito, se despertaba y continuaba comiendo.

Durante los dos primeros meses aproximadamente Lucas tomaba el pecho cada hora, ya fuera de noche o de día, por lo que yo era como un fantasma que vagaba por la casa y sobrevivía a base de café. Además cuando el dormía, yo aprovechaba para hacer otras cosas como ordenar la casa, cocinar, ducharme… por lo que dormir lo que se dice dormir no  lo hacía mucho.

A partir del segundo mes aprendimos a tomar el pecho tumbados, así era más fácil para mi cuando estábamos en la cama y podía descansar un poquito más, aunque no conseguía quedarme dormida profundamente por miedo a aplastarle o a hacerle daño.

A partir del tercer mes comenzamos a cogerle el gustillo al colecho y dormíamos muy felices los tres en la cama, Lucas tenía barra libre y se enganchaba cuando lo necesitaba y yo podía descansar mucho mejor, además poco a poco se me fue quitando el miedo al aplastamiento, ya que es algo realmente difícil que pase.

Cuando Lucas cumplió 6 meses empezamos con la alimentación complementaria, pusimos en práctica el método BLW basado en una alimentación a base de sólidos, sin purés ni papillas, de lo que ya os hablaré en otra ocasión, pero su alimento principal seguía siendo el pecho.

LACTANCIA MATERNA PROLONGADA

Hoy, Lucas tiene ya 20 meses, y seguimos con LMD, los dos disfrutamos mucho de ella y de momento creo que ninguno de los dos tiene intención de dejarlo. No es ya una cuestión de alimentación, que también, ni tampoco sólo una manera de conciliar el sueño, ni de pasarle defensas, si no una serie de momentos que nos regalamos a lo largo del día, es nuestro vínculo de amor y una manera especial de demostrarnos afecto. Es nuestra manera natural de relacionarnos, lo hacemos así simplemente porque lo hemos hecho desde el principio y a los dos nos gusta.

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A día de hoy recibo muchos comentarios tanto de gente muy cercana como de otros que lo son menos, tales como, ¿cuando le vas a quitar el pecho? ¿Pero todavía sigue tomando teta? ¡Eso ya no alimenta! ¡Menudo vicio que tiene! ¡Va a estar jugando al futbol y tomando teta a la vez! ¿Y no te muerde? ¡Madre mía con los dientes que tiene te tiene que hacer polvo! Pues la hija de fulanito tomo teta hasta los 3 años y es antisocial…

En respuesta a todo eso os diré que:

  • El pecho es el alimento más natural y nutritivo que puede tomar el niño, que mejor se adapta a sus necesidades y que se va modificando en función de la edad que tienen, siendo un excelente aporte de calorías y nutrientes.
  • La OMS aconseja continuar con la lactancia hasta los dos años o más. Desde los 6 meses a los 3 primeros años de vida de un niño se produce el proceso de aprendizaje con la comida. Los niños están aprendiendo y al principio todo es un experimento para ellos, a veces querrán comer y a veces no, por lo que tomar pecho les aporta los nutrientes necesarios.A principios del siglo veinte la verdura y la fruta, se introducía muy tarde en la dieta de los niños, a los dos o tres años, y con grandes precauciones. Los niños no las necesitaban pues tomaban el pecho, que lleva todas las vitaminas necesarias.Pero cuando se extendió la lactancia artificial, los bebés empezaron a ir cortos de vitaminas y hubo que adelantar de nuevo las frutas y verduras, lo que supuso un problema: su baja concentración calórica.Según el pediatra Carlos Gonzalez, los niños pequeños, tienen el estómago muy pequeño, por lo que necesitan comidas concentradas, con muchas calorías en poco volumen. El problema es que casi todas las verduras tienen menos de 50 calorías por 100 gramos, y muchas incluso menos de 20, mientras que los cereales y las legumbres superan las 100, y la leche materna tiene unas 70 calorías por 100 gramos. Lo que quiero decir con esto es que la mayoría de las papillas que les damos a los bebés en las que combinamos verduras con carne, no sobrepasan las 50 calorías por 100 gramos y muchas no llegan ni a las 30, por lo que durante los primeros años de vida el mejor alimento que pueden tomar los niños es la leche materna.
  • No existe ninguna evidencia que asocie la lactancia materna con problemas de desajuste emocional o social. Varios estudios han descrito ya los numerosos beneficios psicológicos de los niños amamantados. La lactancia proporciona alimento, consuelo, ternura, comunicación entre madre e hijo, contacto y traspaso de oxitocina (la hormona del amor) de madre a hijo (y aumento de la misma en la madre).
  • No muerden, simplemente porque para tomar pecho hay que succionar y los dientes no intervienen para nada. Os mentiría si os dijera que nunca he recibido un mordisco, me pasó cuando a Lucas le estaban saliendo los primeros dientes de abajo y ya tenía fuera los dos de arriba, estaba muy molesto y mordía todo desesperadamente. Pero cuando eso ocurrió, le reñí, le expliqué que eso no se hacía, el lo entendió y no volvió a pasar. Además cuando lo hizo ya no estaba mamando si no jugueteando con el pezón.

Y para terminar me gustaría nombraros una serie de razones por las que realmente merece la pena dar el pecho:

  1. Porque es lo natural. El ciclo reproductivo natural de la mujer, como mamíferas que somos, esta formado por concepción, gestación, parto y lactancia. Ningún laboratorio o industria pueden hacer un producto mejor que el que hacemos nosotras. Y es un motivo de orgullo no poder ser reemplazadas.
  2. Favorece la relación afectiva entre madre e hijo y produce un beneficio psicológico para el padre, madre, el niño y la familia.
  3. Porque es barato, lo llevo siempre encima y está a la temperatura ideal.
  4. Ayuda a la recuperación de la madre después del parto. La succión del bebé inmediatamente después del parto estimula las contracciones uterinas y la expulsión de la placenta. El útero vuelve más rápidamente a su forma y tamaño.
  5. La lactancia reduce el riesgo de cáncer de mama y ovarios y favorece un menor índice de osteoporosis, siendo los beneficios mayores cuanto más dure la lactancia.
  6. Ayuda a reducir más rápidamente los kilos ganados en exceso después del parto.
  7. Y la última, pero mi favorita, Cualquiera puede cambiarle los pañales, darle un biberón o sacarle los gasecitos, pero solo yo puedo darle el pecho. Es algo que solo puedo hacer yo, nadie puede calmarle la sed sin darle agua, decirle te quiero sin hablar o alimentarle sin darle comida y aquí es donde saco a relucir la mejor expresión de mi misma y puedo afirmar con seguridad que es la única cosa en el mundo de la que puedo sentirme orgullosa de haber hecho sincera y puramente bien.

Espero que mi experiencia pueda servir de ayuda a alguna mamá que esté adentrándose en este bonito camino, que no es fácil y en algunos momentos se hace muy duro pero que merece mucho la pena.

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(LMD: Lactancia materna a demanda)

FUENTES: “Comer, amar, mamar” Carlos Gonzalez; Organización Mundial de la Salud (OMS); Asociación Española de Pediatría (AEP)

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Hoy es el día mundial contra el cancer de mamá, por lo que aprovecho para dar todo mi apoyo a todas las mujeres que están luchando contra esta enfermedad.

Edimburgo con niños. Segunda parte

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Edimburgo es una ciudad donde no existe el verano, eso me dijo mi amigo Charlie antes de ir, y yo no me lo terminaba de creer, pero es cierto. Si viajas a Edimburgo en verano es mejor que dejes las sandalias aparcadas en casa porque no te van a hacer falta.

Nosotros solamente llevamos deportivas, ya que, teníamos pensado caminar mucho y así lo hicimos, así que fue un acierto. Por un momento pensé en llevarme botas de agua, pero la verdad es que iban a ocupar demasiado en la maleta y al final, si caminas mucho no son prácticas porque el pie suda y se te acaba “cociendo”, así que descarté la idea.

Una cosa imprescindible si viajas con niños entre 0 y 3 años es el plástico de lluvia para el carro, ya que en Edimburgo llueve todos los días, nosotros estuvimos una semana y sólo NO nos llovió un día, pero que a gusto se está allí, se agradece huir del calor del verano español para encontrarse con este clima tan fresco y agradable, nosotros íbamos buscando un poco eso.

La ciudad no es demasiado grande por lo que en una semana da tiempo de sobra a verla bien e incluso a hacer alguna excursión fuera para ver los estupendos paisajes que nos ofrece Escocia.

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Nosotros decidimos coger un free tour el primer día, para que nos enseñaran los puntos más importantes de la city, y después ver nosotros por libre las cosas que más nos interesaban. Los free tour son geniales, vas con un guía que habla en tu idioma que te va enseñado la ciudad y contándote anécdotas históricas, dura alrededor de 2 horas y al final tu pagas la voluntad, según consideres si el tour y el guía han sido buenos o no. A nosotros nos encantó, incluso Lucas estuvo super atento la primera media hora, después se durmió. La verdad es que nos organizamos para coger el tour a una hora en la que Lucas suele hacer siesta, y tuvimos la suerte de que lo respetó, así que hicimos el tour entero muy tranquilos y relajados.

Edimburgh o “Edimbra” (como la llaman los escoceses), es una ciudad con mucho encanto, es de estilo medieval y cada rincón por el que paseas tiene algo bonito o especial.

Agosto, para mi gusto, no es un buen mes para viajar a Edimburgo, durante todo el mes se celebra “el Fringe”, que es un festival alternativo de artes escénicas que incluye todas las formas y géneros de espectáculo callejero, lo cual es divertido, pero hace que las calles de la ciudad se encuentren muy colapsadas.

Lo primero que hay que situar es la Royal Mile, una de las calles principales de Edimburgo que va desde el castillo hasta el palacio de Holyrood (residencia de verano de la Reina de Inglaterra), es la calle más comercial y el punto de partida para comenzar tu visita turística. A lo largo de esta calle se encuentran grandes muestras de la cultura escocesa, numerosas tienditas de souvenirs, en las que por cierto no os recomiendo comprar nada ya que es mucho más caro, y todo el ambiente más turístico de la ciudad.

Es visita obligada la del Castillo, pero es una realidad que si vas con niños pequeños, tiene sus impedimentos. Nosotros nos olvidamos la mochila para portear en casa, por lo que sólo teníamos la opción de llevar el carro, lo que nos limitó mucho y hubo estancias que no pudimos visitar, porque como buen castillo, consta de numerosas escaleras y torres por todos lados. Así que si tenéis idea de visitarlo os recomiendo mucho que porteéis a vuestros pequeños en esta excursión para que ambos podáis disfrutar de todos los rincones que ofrece. Además es conveniente acudir temprano, no sólo por las colas, si no porque así podréis ser testigos del famoso “cañonazo de la una”, todos los días a las 13 horas se dispara un cañonazo desde el Castillo de Edimburgo, atracción que gusta tanto a pequeños como a mayores.

Dentro del Castillo hay una cafetería donde, si os pilla la lluvia o si os pica el gusanillo, podéis refugiaros y tomar una rica sopa, nosotros probamos una de puerro y patata, bastante típica de allí y estaba deliciosa, también tienen unos muffins de frambuesa enormes y deliciosos, además de sandwiches y otros ricos platos escoceses.

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Una cosa que me gustó mucho de esta encantadora ciudad es que todo es muy verde, y hay muchos parques y zonas de juego infantil que están mil veces más preparadas que las que podemos encontrar en España.

Justo en el centro de la ciudad encontramos “Princess Park”, que es un parque muy grande y bonito, en el que si tenéis suerte y pilláis buen tiempo, veréis que todo el mundo aprovecha para estirar su manta y tumbarse sobre el césped para iluminarse con cualquier reflejo de los rayos del sol.

Tampoco podéis perderos “TheMeadows”, un parque con una zona enorme de juegos para niños, con diferentes áreas, de arena, césped, pistas, caminos… Es un parque grandísimo y muy muy verde donde además hay una zona en la está permitido hacer barbacoas, por lo que verás a muchos grupos con su manta de picnic preparando la cena al aire libre.

Y si la suerte no os acompaña y tenéis días de mucha lluvia durante vuestra estancia en Edimburgo, estáis de suerte, porque los museos son gratuitos, tanto el museo de Escocia como la National Gallery son de libre acceso, un plan perfecto para días grises.

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Pero sin duda, lo que más me gustó de este viaje fue nuestra escapada a las Highlands, si tenéis oportunidad os recomiendo muchísimo que alquiléis un coche y salgáis de la ciudad para contemplar los estupendos paisajes que hay en Escocia.

Nosotros fuimos a una granja en el condado de Helensburgh, la granja Ardardan, una visita super recomendable. Lucas disfrutó como nunca y nosotros también, vimos vacas de pelo largo, las famosas highland cows y comimos la mejor comida casera de todo el viaje.

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Cuando llegamos a la granja llovía, por lo que aprovechamos para visitar su tienda de productos locales, donde podéis encontrar desde diferentes tipos de queso, scones caseros, frutas y verduras que recolectan ellos mismos de su huerto, mermeladas, confituras hasta cuentos típicos escoceses. Nosotros pecamos con una cajita de galletas de mantequilla escocesas, las famosas shortbread que no podéis dejar de probar, un botecito de cloted cream, que es una crema para untar en los scones  parecida a la nata pero con la textura más espesa, como tirando a una mantequilla, de hecho, yo lo definiría como un híbrido entre una nata y una mantequilla, y también le compramos algunos cuentos requetebonitos a baby Luquis, entre ellos el ya clásico escocés “The Gruffalo”, que os lo recomiendo mucho si no lo habéis leído, es super divertido.

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Cuando cesó la lluvia, nos hicimos con un mapita y salimos a dar un paseo por los alrededores de la granja, había un sendero que se adentraba en un bosque muy frondoso donde, a mitad de camino, tenían algunos “juegos ” preparados para los pequeños y no tan pequeños, como un laberinto, columpios naturales… una auténtica delicia de caminata de la que disfrutamos muchísimo en familia.

Después estuvimos viendo algunos animales como cerdos de pelo negro (con testículos en la garganta :D) y mis adoradas highand cows, ¡no me podía ir sin verlas! Creo que disfruté yo más de este momento que el pequeño Lucas 😀

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Justo cuando nuestra caminata estaba llegando a su fin, de nuevo comenzó a llover, así que como ya eran las dos de la tarde, decidimos comer en el acogedor restaurante que tenían dentro de la granja, ¡y que buena elección! Fue la mejor comida casera british de todo el viaje. Tomamos una sopa de lentejas deliciosa que venía acompañada de un scone de queso cheddar y de segundo un típico pie inglés gratinado con puré de patata, aún sigo soñando con esa comida.

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Después, continuamos nuestro viaje hacia Luss, el pueblo más bonito a orillas del Lago Lomond. No pudimos ir a conocer el Lago Ness porque quedaba mucho más lejos, pero nuestros amigos Charlie y Bea nos aseguraron que este es mucho más bonito, y creo que no se equivocaban.

En este pueblo, de camino a los lagos hay una tiendita preciosa, con los souvenirs más bonitos de todo Escocia. Es un poco carita, pero merece la pena si no quieres comprar los típicos souvenirs cutres. Nosotros nos llevamos unos posavasos muy monos de recuerdo.

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Sin duda puedo decir que este ha sido un viaje para recordar, nuestro primer viaje largo en familia, nuestro primer viaje siendo 4 (porque bebé 2 ya estaba en la barriguita de mamá), con muchas primeras veces y muchos momentos felices.

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Algunas recomendaciones para comer en Edimburgo: 

(Corre el rumor de que los ingleses comen fatal, pues os diré que a mi me encantan sus costumbres, los asados de los Domingos, sus desayunos contundentes, sus pies…. Además en la ciudad hay muchas opciones y muy buenas).

  • Pret a Manger“: Bueno, bonito y barato. Es un fast good de sopas calentitas, wraps y sandwiches. Muy buena opción para cuando no quieres perder mucho tiempo en comer o para coger comida para llevar. Os diré que me encantan sus sopas, ya lo conocía de cuando he estado en Londres y me encanta su sopa de pollo y brócoli y su sopa de tomate. Y los wrap están muy bien, tienen opciones vegetarianas como el de falafel. No tienen menús de niños, pero cualquier opción de sopita me parece acertada para los peques, además tienen cajitas con frutas para postre.
  • Jamie’s Italian“: El restaurante italiano de Jamie Oliver es un acierto. Nosotros fuimos para comer a medio día y tienen una especie de menús que están muy bien de precio. En Edimburgo no se estila lo del menú del día, así que fue genial encontrar una opción así, por 14 libras por cabeza comimos muy bien, con primero, segundo y postre. Además se nota que los ingredientes son de primera calidad y los refrescos que sirven son orgánicos. Todo muy rico, todo muy Jamie, y es que nosotros somos muy fans de este cocinero británico. Tienen tronas infantiles y menús para niños.
  • The standing order“: Es una franquicia parecida a nuestros Vips de aquí, donde no tienes que levantarte para pedir ni esperar al camarero, si no que lo haces desde el móvil. La comida está rica, tienen menús infantiles y tronas para niños. Además si vais al de George St. es muy curioso porque era el antiguo banco central de la ciudad y aun conservan su caja fuerte.
  • Mimi’s bakehouse“: Para hacer la ceremonia del te inglés. Te riquísimo, acompañado de tres pisos de felicidad, sandwiches, scones y diferentes trozos de tarta.

Por supuesto hay muchos más sitios, pubs típicos donde tomar un auténtico asado típico de Domingo o un pie inglés, que si podéis ir, también os recomiendo, pero esto es sólo una pequeña selección de algunos sitios en los que nosotros comimos.

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Si como yo sois amantes de los cacharritos de cocina, os recomiendo que visitéis una tienda que se llama “Divertimenti“, en ella encontraréis moldes, vajilla, libros de cocina… en fin, un paraíso para los freaks de este mundillo. Podéis echar un ojo a su tienda online para haceros una idea.

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Y por último, otra cosa que no os podéis perder son las charity shops, que son tiendas de segunda mano, administradas por una organización caritativa para recaudar dinero.

Allí podréis encontrar de todo, son tiendas super divertidas, donde todo está en muy buen estado, nosotros recorrimos la zona de Stockbridge, donde hay varias muy juntas, y conseguimos unos cubiertos super antiguos, que yo tenía muchas ganas de hacerme con ellos para mis fotos culinarias, algunos libros de cocina y unas tazas preciosas para regalar a nuestros amigos Charlie y Bea.

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Noodles estilo chino (fáciles y sin gluten)

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Se que tengo pendiente publicar la segunda parte de nuestro viaje a Edimburgo, pero aún no me ha dado tiempo a recopilar toda la info de lugares, fotos… así que mientras tanto, os dejo con está receta tan suculenta a la vez que sencilla, para que podáis sorprender a vuestros invitados con un plato asiático de lo más trendy este fin de semana.

El barbas y yo somos super fan de los noodles y nos encanta experimentar con recetas asiáticas nuevas, pero cuando hay poquito tiempo para cocinar, preparamos esta receta en casa, que nos saca de un apuro y nos quita el gusanillo.

Además, al estar hecha con noodles de arroz o de mungo (los fideos de mungo son de habas de soja y son muy finitos, de mis preferidos) es apta para casi todo el mundo, ya que no contiene gluten, y además al estar preparada con verduras es muy saludable.

También podríamos añadirle alguna proteína, como pollo, pavo o tofu, pero a mi me encanta sólo con verduras, creo que queda deliciosa.

Los ingredientes que he utilizado son bastante sencillos de encontrar, en cualquier super grande los tenéis seguro y si no, siempre podréis conseguirlos, más baratos además, en tiendas especializadas de productos asiáticos de vuestra ciudad.

NOODLES ESTILO CHINO

 INGREDIENTES: 

 200 gr. de fideos de mungo o fideos de arroz

 aceite de oliva virgen extra

1 cebolla pequeña

1 puerro

1 pimiento verde

 1 pimiento rojo

150 gr de champiñones laminados

 1 zanahoria grande (o dos pequeñas)

Caldo de pollo o verduras

1 cc. de ajo en polvo

 1 cc. de 5 especias chinas

1cc. de cayena en polvo

 2-3 cucharadas de salsa de soja

Aceite de sésamo

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PREPARACIÓN: 

 Ponemos a cocer los fideos en un recipiente con abundante agua y una cucharadita de sal.

Importantísimo, dejar los fideos únicamente el tiempo que pone en el envase, ya que al ser de arroz, si los dejamos mas tiempo se desharían y quedarían demasiado chiclosos.

Si en el envase no pone nada, yo os aconsejo que los dejéis de 3 a 5 minutos, depende del tipo de fideo escogido(grueso, fino,etc.), pero nunca mas tiempo. Reservamos.

 En una sartén ponemos dos cucharadas de aceite de oliva y cuando este caliente, añadimos la cebolla y la cocinamos a fuego medio hasta que se vuelva transparente.

 A continuación añadimos el puerro y lo dejamos unos minutos, hasta que empiece a reblandecerse, seguidamente añadimos las demás verduras, los pimientos(cortados en tiras finas), los champiñones y la zanahoria(también cortada en tiras muy muy finas), añadimos un chorrito de caldo, y lo dejamos en el fuego a temperatura media, hasta que observemos que las verduras ya están listas y el caldo se ha evaporado.

 Una vez que las verduras estén hechas, añadimos los fideos y lo mezclamos todo. Incorporamos la salsa de soja, teniendo cuidado de no pasarnos, ya que la soja es muy salada, por lo que iremos probando los fideos a medida que vayamos echando para ver como nos gusta de sabor.

 Por ultimo espolvoreamos con ajo en polvo, con las cinco especias chinas y con la cayena (si nos apetece), le damos unas vueltecitas mas en la sartén, retiramos del fuego, añadimos el aceite de sésamo y listo.

Si nos apetece, también podemos decorar con unas semillas de sésamo negro (o blanco), que le darán un toque de color y de crujiente.

¡Pues ya tenemos nuestros fideos fritos listos para degustar!

***

(*) Si os apetece, podéis hacer vuestra propia mezcla de 5 especias chinas, yo tengo la mía en la despensa y aguanta muchísimo tiempo (¡¡años!!), hasta que las especias pierdan su aroma. Sólo tendríais que mezclar 2 cucharaditas de canela o casia, 6 cucharadas de anís estrellado molido, ¼ cucharadita de clavo molido, 2 cucharaditas de pimienta de Sichuán machacada, 2 cucharadas de semillas de hinojo. Estas son las 5 especias chinas principales, pero algunas mezclas llevan además jengibre en polvo y semillas de cilantro. Para conseguir una mezcla aún más aromática podéis tostar las especias enteras en la sartén (sin ninguna grasa y con cuidado de que no se quemen) y molerlas en un molinillo, ¡¡Os quedará una mezcla espectacular!!

 

Panna cotta de yogur con grosellas rojas

 

Aunque cada día va desapareciendo el verano y poco a poco se va acercando el Otoño, todavía nos quedan pequeños tesoros culinarios de esta tan preciada estación.

Las grosellas rojas, tienen sus cosechas más fuertes en los meses tardíos de verano, a finales de Agosto primeros de Septiembre, por lo que podemos decir que todavía estamos en temporada.
La grosella roja, es dulcecita y un poco ácida a la vez y tiene un intenso color, por lo que es ideal para preparar mermeladas y jaleas, mezclada con otros frutos rojos obtendremos mezclas deliciosas.
A mi me gustan mucho para usar en postres, pues le dan un toque decorativo precioso, y, combinadas por ejemplo con yogur o con una mousse dulce, hacen la pareja perfecta.
No se si es sólo cosa mía, o si también os pasa a vosotros, el caso es que cuando le va quedando poca vida a la temporada de un alimento, es cuando más me apetece cocinarlo, ¿será por eso que dicen de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes?
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PANNA COTTA DE YOGUR CON GROSELLAS ROJAS
 
INGREDIENTES:
(Para unas 6 personas, dependiendo del tamaño del recipiente donde lo vayamos a servir)
2 sobres de gelatina neutra en polvo
375 ml de leche entera
500 g de yogur natural
200 g de azúcar
1 vaina de vainilla
100 g de grosellas rojas frescas

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PREPARACIÓN:

En primer lugar, ponemos la gelatina en polvo en un bol con 125 mililitros de leche; revolvemos con varillas y dejamos reposar durante diez minutos para que la gelatina se disuelva totalmente.

Raspamos la vaina de vainilla en en los 250 mililitros de leche restantes, añadimos el azúcar y lo calentamos todo en un cazo a fuego medio hasta que esta se disuelva.
Apartamos nuestra mezcla del fuego un momento y echamos la mezcla de leche y gelatina que teníamos reservada, removiendo hasta que se mezcle. Lo volvemos a colocar de nuevo y cocemos durante cinco minutos más. Transcurridos los cinco minutos retiramos el cazo y permitimos que se enfríe la mezcla durante diez minutos.
Por otro lado colocamos el yogur en otro bol y le añadimos nuestra mezcla de leche con gelatina, pasándola por un colador y removiendo suavemente.
¡Ya tenemos nuestra Panna corta lista!
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Ahora la ponemos en los vasitos que hayamos elegido y la dejamos enfriar un mínimo de ocho horas en la nevera.

A la hora de servir, le ponemos las grosellas rojas por encima, ¡¡Delicioso!!