Edimburgo con niños. Primera parte

Este verano ha sido muy especial porque hemos podido hacer nuestro primer viaje largo en familia.

Lucas ya tiene 19 meses,  cada vez va siendo más consciente y disfruta mucho cuando hacemos planes en familia, por lo que este viaje ha sido una experiencia maravillosa.

En primer lugar me gustaría contaros como es un viaje en avión con un bebé, ya que, seguro que a muchos os puede resultar útil si vais a volar en los próximos meses, y a pesar de lo que pueda parecer, existen muchas facilidades para las familias que viajan con niños en avión.

La mayor ventaja es que los niños pequeños hasta los dos años no pagan asiento en el avión, sólo pagan una tasa que nunca suele superar los 30€, por lo que es una manera de animarnos a viajar con ellos cuando son pequeñitos para que vayan acostumbrándose y ampliando horizontes.

Lo primero que nos preocupaba era la cantidad de bultos que podíamos llevar en cabina,  cuando viajas con niños tan pequeños siempre es imprescindible viajar con una bolsa en la que poder llevar todo lo necesario para cualquier situación o emergencia, pañales, ropa de cambio, una botella de agua, algún tentempié, juguetes… Hoy en día puedes llevar una maletita de cabina más un bolso de mano por cada pasajero en casi todas las compañías, incluidas las de bajo coste, y el bebé tiene derecho a una bolsa para llevar sus cosas (la típica bolsa que llevas enganchada al carrito sirve). Nosotros volamos con Easy Jet y no nos pusieron ninguna pega, es más, a la vuelta volvíamos un poco más cargados de lo habitual y también llevábamos alguna bolsa de más con souvenirs y algunas cosas de comer que habíamos comprado en el super (esos son los souvenirs que a mi más me gustan :D), pero cuando viajas con niños hacen bastante la vista gorda en todos los sentidos, tenía que decirlo.

Para movernos por Edimburgo y para viajar lo más ligeros posibles optamos por llevarnos la silla de paseo Mclaren Quest, que es una silla de paraguas bastante ligera y muy cómoda para plegar que comenzamos a usar cuando Lucas tenía 11 meses aproximadamente. Él aún es pequeño y no aguanta caminatas demasiado largas, a pesar de que es un niño al que le gusta andar bastante, pero como es normal, se acaba cansando.

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Cuando vuelas con un niño te permiten llevar un carrito o silla de paseo sin coste adicional en el avión, es muy cómodo porque tu vas con la silla hasta la misma puerta del avión y cuando llegas allí, solo tienes que plegarla y dejarla en el suelo, entonces te la recogen, la bajan a la bodega del avión con el resto de equipajes y después, cuando aterrizas, te la dejan a la salida del avión de nuevo. Nosotros en una ocasión hasta dimos con un azafato muy amable que nos la abrió y todo, ¡un lujo vamos!

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Con respecto al tema del entretenimiento en los aviones, hay que tener mucho en cuenta las horas de vuelo, a Edimburgo “sólo” son 2 horas y media, y digo “sólo” porque si el niño no se duerme a veces puede resultar una auténtica tortura. Con Lucas ya habíamos viajado en otra ocasión en avión, hicimos una escapada a Amsterdam cuando tenía 16 meses (de la que por cierto, también tengo pendiente hablaros) y tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta el siempre fue dormido, le da un poco de miedo cuando el avión despega, entonces el se acurruca conmigo se pone a tomar “teti” y se queda dormido. Pero esta vez no ha sido así, en el viaje de ida no se durmió, al principio, en el despegue, se acurrucó con su padre y cuando ya se dio cuenta de que no pasaba nada, no paraba de mirar por la ventana, sacar las revistas del asiento, desplegar y plegar la bandeja, etc. Nos las ingeniamos como pudimos para entretenerle esas dos horas y media, yo le había llevado varios cochecitos de juguete y su avión Tuc tuc para que imitara el despegue, lo que le entretuvo un ratito, que no debió ser más largo de 20 minutos, luego también nos inventamos un cuento con la tarjeta que hay en el respaldo del asiento sobre que hacer en caso de emergencias (era un cuento sobre un señor que se llamaba Pedro y al que le daba miedo volar :D) y por último llevábamos algunos capítulos de sus series favoritas descargadas en Netflix, no nos gusta abusar de la tele, pero reconozco que para algunas situaciones te salva de un apuro. Lucas es un loco de los coches y los vehículos de motor, así que estuvimos un ratito viendo “Chuck el camión” y “Tayo, the little bus”, dos dibujos animados que le encantan.

Cuando faltaban 15 minutos para aterrizar, el pequeño Lu estaba tan cansado que acabó durmiéndose, ¡normal! después de toda la mañana danzando sin parar, aunque se despertó al bajar del avión.

Por fin llegamos a Edimburgo, donde hacía un fresquito super agradable en comparación con las altísimas temperaturas que estábamos sufriendo en Madrid, y allí, en el aeropuerto, nos estaban esperando para darnos la bienvenida nuestros amigos, Charlie y Bea, quienes nos acogerían en su casa durante una semana.

Nada más llegar, cogimos un taxi y nos dirigimos hacia casa de nuestros amigos, un taxi desde el aeropuerto hasta casi cualquier parte de Edimburgo no son más de 25 libras, así que merece la pena cogerlo, sobretodo cuando vas cargado con maletas, compensa muchísimo.

Llegamos a su casa, por cierto, una casita preciosa con fachada muy british y un jardín verdecito precioso, en la mesa del comedor nos recibía un jarrón con rosas precioso, dejamos el equipaje y nos instalamos; después, Charlie y Bea tenían reservado un afternoon tea en la zona del puerto, ¡Que ilusión! ¡Con lo que me gustan a mi estas cosas! El sitio se llamaba “Mimi’s Bakehouse” y era un perfecto salón de te inglés. Allí realizamos, como no podía ser de otra manera, la ceremonia del afternoon tea, que consiste en elegir un te de la carta que te guste que te traen acompañado de un stand de varios pisos con una mezcla de piezas dulces y saladas.

El nuestro eran tres pisos y estaba compuesto de Sandwiches variados y unos mini pastelitos de carne en el piso inferior, diferentes trozos de tarta y cupcakes en el piso intermedio, y scones, la estrella del afternoon tea, en el piso superior.

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Con esto y un paseo por la Royal Mile, la calle más importante de Edimburgo, terminamos nuestro primer día en la ciudad.

Espero que os haya gustado la primera parte de nuestra crónica de viaje, el próximo día os seguiré contado nuestras aventuras por esta encantadora ciudad.

Mientras tanto ¡¡Disfrutad del fin de semana!!

 

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