Mi parto y mi puerperio. Una nueva vida da comienzo

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No se me ocurre mejor título para comenzar esta entrada. Esta es la historia de una nueva vida, o mejor dicho de dos nuevas vidas, la de la llegada de baby Lucas y el comienzo de mi vida como madre.

Ya ha pasado un año y medio desde que Lucas nació,  y es hoy y no antes cuando estoy preparada para contaros abiertamente la historia de como el pequeño Lucas vino al mundo.

Tuve un embarazo fantástico, apenas sentí molestias de ningún tipo y la vida me brindó la oportunidad de disfrutar de 9 meses maravillosos con el barbas mientras preparábamos todos los detalles para la llegada de nuestro bebé.

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Tuve tiempo de viajar, trabajé hasta el octavo mes de embarazo, leí todo lo que pude sobre el tema, acudí a todo tipo de charlas y reuniones de embarazo, parto y lactancia, limpié, coloqué y redistribuí miles de veces nuestra minicasa y fui muy feliz durante las 41 semanas que duró mi embarazo.

Yo estaba convencida de que el parto se me adelantaría y de que Lucas iba a nacer antes de la fecha en la que yo salía de cuentas, pero el estaba muy calentito dentro de mi barriga y no tenía ganas de salir.

7 días después de que hubiéramos salido de cuentas el barbas y yo fuimos al hospital a que me pusieran los monitores y fue entonces cuando me dijeron que estaba de parto. Aquí empezó todo.

Yo me había levantado esa mañana con la sensación de que ese día conocería a mi bebé, estaba muy emocionada, a pesar de que no sentía ni una sola contracción. Salimos temprano de casa, y a las 9 ya estábamos en el hospital.

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Entré a la sala de monitores, me pusieron todos esos cables y cacharritos por la tripa y como cada vez que íbamos, escuchamos los latidos de nuestro pequeño que sonaban con fuerza, estuvimos un rato relajados, imaginándonos una vez más como sería su carita que tan poco faltaba para conocer. Pasamos algo más de media hora allí y entonces la doctora me llamó a la consulta.

Carol, estás de parto, aún no tienes contracciones muy fuertes pero ya estás dilatada de 2cm, así que vas a quedarte ingresada, si no igualmente te íbamos a ingresar el Lunes porque ya estás de 41 semanas y es mejor que el bebé nazca ya.

Me pasó a la camilla y me hizo la última eco, después me hizo un tacto y note un dolor intenso. -Te he quitado el tapón mucoso me dijo, aún no tenías el cuello del útero borrado del todo, y esto te ayudará a que el parto comience antes.

En ese momento sentí violada mi más absoluta intimidad, yo había leído mucho durante el embarazo, quizá demasiado, estaba muy informada y sabía perfectamente como quería que fuese mi parto, un parto lo más natural posible, respetado y consciente. Había hecho hasta mi propio plan de parto, que no tuve el valor de entregar en el hospital y aún hoy, me arrepiento.

Carol, vamos a ayudarte a dilatar con oxitocina, para que el parto sea más rápido. Lo que traducido al castellano significa, vamos a inducirte el parto.

Todavía sigo preguntándome porque no me levanté y me largué a mi casa hasta que yo misma, naturalmente me pusiera de parto, quizá por miedo, y algo de desconocimiento, quizá  porque la tripa ya pesaba demasiado y en el fondo deseaba tener a Lucas ya entre mis brazos, y quizá también por la mezcla de emociones que tenía dentro de mi y no me dejaban pensar con claridad.

Ingresamos en el hospital a las 11 de la mañana, y hasta 12 horas más tarde, Lucas no vino al mundo.

El parto fue para mi, la experiencia más dolorosa de mi vida, tanto física como emocionalmente, pero a la vez la más intensa y bonita, algo que jamás olvidaré y que me ha hecho crecer como persona en muchos sentidos.

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Yo tenía muy idealizado el parto, había soñado con ese momento muchas veces, pensaba que un día cualquiera notaría las contracciones y me quedaría tranquila en casa caminando y haciendo algunas posturas sobre mi pelota de pilates cronometrando cuando los dolores fuesen cada 5 minutos, entonces el barbas y yo nos iríamos al hospital, me llevarían a la sala de dilatación, empujaría, gritaría como lo hacen en las películas y me pondrían a mi bebé entre los brazos, lloraría de emoción y  seríamos muy felices.

A diferencia de eso, estuve 12 horas dentro de una habitación, postrada en una cama, ya que no me dejaban levantarme ni para caminar, ni para ir al aseo. Me rompieron la bolsa, sin avisarme, me enchufaron a una máquina y estuve 12 horas retorciéndome de dolor mientras mi madre y mi suegra cronometraban mis contracciones cada minuto.

El trato del personal del hospital fue bastante inhumano, no noté ningún tipo de empatía hacia mi ni hacia mi pareja, en un momento tan delicado, en el que todo es nuevo, tus hormonas están muy descolocadas y te sientes muy vulnerable, el trato debería ser amable, respetuoso y cariñoso, porque no se si a alguien más le ha pasado, y esto que voy a decir quizá suene muy fuerte, pero yo sentí que mi parto fue como una violación. Un montón de gente desconocida creyéndose con derecho a meter la mano y otros artilugios donde hiciera falta sin pedirme permiso ni darme ninguna explicación de lo que me estaban haciendo. Sentí que mi intimidad y mis más profundos sentimientos eran flagelados.

Eran las 10 de la noche y las contracciones ya me daban cada minuto, de repente la habitación se llenó de gente, dos enfermeras, una matrona, la doctora… mucho revuelo, yo no entendía que estaba ocurriendo, sólo quería que todo terminase pronto. La matrona se dirigió hacia mi hablándome un poco subida de tono, diciéndome que tenía que dejar de moverme, que los monitores que me habían colocado se estaban moviendo y que perdían las pulsaciones del bebé. Yo no me había movido ni medio centímetro, estaba recostada en la cama, apretando una almohada entre mis brazos y respirando profundamente entre contracción y contracción como me habían enseñado en mis clases de preparación al parto. Una enfermera me gritaba que tenía que ponerme la epidural, pero yo me negaba, por ahí no iba a pasar, eso era algo que había decidido desde muchos meses antes, las agujas no me gustan demasiado, y quería que mi parto fuera muy consciente, quería notar cada movimiento y saber cuando empujar para que Lucas sufriera lo menos posible.

Entonces me dijeron que íbamos a bajar a quirófano, no sabían que estaba pasando pero a mi bebé le bajaban las pulsaciones, yo ya estaba dilatada de 8cm así que íbamos a empujar para intentar que fuera un parto vaginal, pero si había alguna complicación me harían una cesárea de urgencia.

Yo tenía un miedo terrible a la cesárea, si había algo que sabía que no quería en mi parto era una cesárea. Cada día durante mis 9 meses de embarazo solo deseaba que fuera un parto natural.

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Preguntamos si el barbas podía acompañarme, pues que el estuviera a mi lado, era lo más necesitaba en el mundo en ese momento, nos dijeron que si. Se lo llevaron a una sala para que se pusiera el pijama de hospital y a mi me llevaron a quirófano. El barbas nunca volvió, no le dejaron pasar. Yo estuve pujando sola, aunque la sala estaba llena de gente, yo me sentía muy sola.

Me pusieron en una camilla con los pies en los estribos, me venía el dolor y yo empujaba con todas mis fuerzas, pero no era suficiente, Lucas venía con vuelta de cordón, y a la que yo empujaba el se volvía para dentro. Una enfermera se subió encima de tripa para hacer fuerza, me hizo la maniobra de kristeller, aquello me horrorizó, yo seguía empujando con todas mis fuerzas, y entonces escuche aquellas palabras a las que tanto temor les tenía: – Carol, vamos a realizarte una cesárea de urgencia.

Me sentaron en la camilla y me pincharon la raquidea (anestesia parecida a una epidural pero que hace efecto mucho más rápido, aunque es de tiempo más limitado). Entre dos celadores me pasaron a otra camilla y me cubrieron con una sábana de cintura para abajo, todo fue muy rápido, yo notaba cada movimiento que realizaba la doctora, aunque ya no sentía dolor. Note unas manos cálidas sobre mi cara, era una enfermera joven, muy guapa, por el acento tan dulce deduje que debía ser venezolana, y entonces me dijo: -Tranquila Carol cariño, todo va a salir bien. Le rogué y le supliqué que dejaran entrar al barbas y me dijo que sentía no poder hacer nada pero que ella iba a estar conmigo apretándome la mano muy fuerte. Fue la primera persona desde doce horas atrás que logró darme un poco de calor humano, no recuerdo su nombre, pero tengo su cara grabada como si de un ángel se tratara.

Eran las 23:59 y entonces escuche su llanto, Lucas había nacido, yo rompí a llorar, pusieron su cara junto a la mía y entonces se me olvidó todo, sentí que ese era el momento más feliz de mi vida.

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Tenía los ojos muy abiertos de color azul grisáceo, me miraba fijamente y yo le susurre: Lucas soy mamá. Y su llanto cesó.

Mientras a mi me cosían y me despertaban las piernas de la anestesia en la sala de recuperación, Lucas hizo el piel con piel con el barbas, o mejor dicho, el piel con pelo :D, porque como os podéis imaginar el chico barbudo es muy peludo.

Yo llegué a la habitación una hora después, y desde entonces no me separé de mi bebé, me pasé toda la noche mirándole, acurrucándole entre mis brazos con su piel desnuda tocando la mía, aprendiendo a ser su mamá, enamorándome de el a cada segundo.

Probablemente este sea el post más personal que he escrito nunca sobre mi vida, pero creo que es una experiencia que podría servir a cualquier mujer que vaya a ser o que haya sido madre, porque hay cosas que sentimos y no contamos y a veces es necesario sacarlo fuera.

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Las dos semanas después del parto me las pasé llorando, sin saber porque. Lo tenía todo, un bebé precioso, al barbas a mi lado dándome cariño, una familia increíble que me apoyaba, pero aún así, yo me sentía rota por dentro. Mi cuerpo ya no era el mismo, había cambiado, me miraba en el espejo y me veía horrible, tenía los pechos hinchados por la subida de la leche y me tiraban los puntos. Apenas podía dormir una hora seguida y sentía mucho cansancio y no sabía si estaba ejerciendo bien mi papel de madre.

Luego todo eso pasó y volví a tener una felicidad inmensa.La maternidad me ha hecho evolucionar como persona, entender mejor la vida, me enseñó el amor verdadero. La lactancia ha sido y sigue siendo una de las mejores experiencias de mi vida, algo de lo que me gustaría también hablaros en otra ocasión. Y el parto me hizo más fuerte y me descubrió lo que no quería en la vida.

Os invito a contar vuestra experiencia como madres, porque es enriquecedora, a acudir a un grupo de lactancia, a hablar con las mamis de vuestro entorno, porque nadie nació sabiendo ser madre. Porque todas las madres pasamos por lo mismo y es bueno escuchar la experiencia de las demás.

Desde aquí, todo mi cariño a todas las mamás del mundo, sobretodo a la mía, porque ahora entiendo muchas cosas y tengo mucho más respeto por la vida.

Aunque a veces es duro¡Ser madre es maravilloso!

***

Os invito a leer el blog de Andrea, “Contigo empezó todo“, blog especializado en maternidad, donde encontraréis artículos muy interesantes sobre embarazo, parto y lactancia, además de historias reales de otras mamás.

***

Quiero dar las gracias a mi doctora porque, a pesar de todo, fue una gran profesional, sacó a Lucas rapidísimo y apenas hoy tengo una pequeñísima cicatriz.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Noelia dice:

    Carol soy Noelia, que emoción al leerte!!! Es verdad que tuvimos cosas muy parecidas solo que yo no estaba tan informada como tu, que a veces te juro creo que es mejor… Mi pequeño Lucas tan bonito!!!! Un abrazo muy fuerte mami valiente!!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. Carol dice:

      Noee!! Muchas gracias por leerme! Es verdad lo que dices, a veces es mejor no saber… pero lo más importante es que nuestros peques están aquí con nosotros y muy sanos!! Un abrazo enorme 😊

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